El privilegio de ser Madre
Anónimo.
En homenaje a mi Madre
y a todas las Madres del mundo
“Me dicen que me vas a enviar mañana a la Tierra, pero ¿cómo viviré allí tan pequeño e indefenso como soy yo?”
Dios le dijo: “Entre muchos ángeles escogí uno para ti que te está esperando, El te cuidará”.
El niño le pregunta: “Pero dime, aquí en el cielo no hago mas que cantar y sonreír y eso me basta para ser feliz, pero allí…
Dios le responde: Tu ángel te cantará, te sonreirá todos los días y tu sentirás su amor y serás feliz”.
El niño le dice: “Y ¿cómo entenderé cuando la gente me hable? Si yo no conozco el idioma que hablan los hombres de la Tierra….”
Dios le contesta:” Tu ángel te dirá las palabras más dulces y tiernas que puedas escuchar y con mucho cariño y paciencia te enseñará a hablar”.
El niño, muy preocupado: Y… ¿qué haré cuando quiera hablar contigo?
Dios le dice:”Tu ángel te juntará las manitas y te enseñará a hablar.
El niño le pregunta: También me han dicho que en la Tierra hay hombres malos, ¿quién me defenderá?
Dios le tranquiliza: “tu ángel te defenderá a costa de su propia vida”.
El niño insiste: “Pero estaré muy triste…, porque ya no te veré más”.
Dios le contesta: “Tu ángel te hablará de mi y te enseñará el camino para que regreses a mi presencia, aunque Yo estaré siempre a tu lado”.
En ese instante, una gran paz reinaba en el cielo, pero ya se oían voces de la Tierra….
El niño, entre sollozos, repetía suavemente: “Dios mío, ya me voy, dime su nombre, ¿cómo se llama mi ángel?
Dios sonriendo, le contesta susurrando: “Su nombre no importa, tú sólo le dirás MAMÁ”
No he encontrado explicación más hermosa que esta leyenda, para ilustrar la cita que precede a las reflexiones que me dispongo a exponer sobre el privilegio que supone el milagro de ser Madre. Sí, porque el hecho de concebir una nueva vida, es un generoso prodigio que excede de la voluntad del ser humano. Es un don reservado a la mujer, que no siempre le es concedido; que trasciende de nosotros mismos; que nos ennoblece y quizá el único por el que se justifica nuestra propia existencia.
Por una y simple básica razón —incluso si queremos egoísta— no puedo entender de forma racional, por muchas explicaciones y argumentos progresistas que me expongan, que haya personas que puedan defender el aborto voluntario, porque si en el momento de su concepción, su Madre hubiese decidido interrumpir su embarazo —como eufemísticamente denominan las izquierdas el asesinato premeditado de criaturas inocentes e indefensas— esas personas no existirían, ni tampoco su obra. Y aún lo entiendo menos, cuando quien defiende esa execrable acción, es una mujer.
¿En qué oscuro e ignorado lugar han quedado los valores humanos? ¿En qué profundo y oscuro lugar de su corazón ha escondido el ser humano la piedad, el amor y la misericordia? No puedo comprender como aquellos que defienden con tanto empeño y ardor al colorín bicéfalo del Orinoco, a la raposa rubia de Madagascar o la manzanilla tricolor del Everest —lo que me parece muy bien— tienen una roca por corazón, ante la sangre derramada de miles de seres inocentes e indefensos. Tantos que han colmado la copa del dolor y que si tan sensibles son ante los dones de la naturaleza, de rodillas tendrían que pedir que cese tanta masacre.
EL INSTINTO MATERNO
Es una desvergonzada e impúdica falacia decir que abortar es un derecho de la mujer. El único derecho irrenunciable que tiene una mujer como tal, es el de ser Madre, porque le permite consumar la función de su naturaleza y experimentar unas sensaciones y sentimientos sublimes, que de otro modo jamás hubiese conocido.
Morrison-Clutton, es una bibliotecaria galesa de 32 años que tras dar a luz a su hijo sufrió una infección por Escherichia Coli, tras ingerir comida en mal estado lo que le provocó caer en coma durante sesenta y siete días.
Ante esta situación, el marido, que día tras día le iba explicando los progresos del bebé, decidió probar con el llanto de su hijo. Grabó un vídeo con su bebé como protagonista y se lo puso a Karen, que comenzó a luchar por su vida desde ese momento. Según explicó la Madre tras despertar “quería morir, pero después escuché a Ollie y me dije ’quiero vivir”.
Se trata sin duda de una noticia asombrosa que demuestra la fuerza que puede llegar a tener el reclamo de un bebé sobre los instintos de su Madre, al despertarle la necesidad de cuidar de su hijo.
Benito Pérez Galdós pone en boca de Daniel Morton, personaje principal de su novela “Gloria”, estas palabras dirigidas a su propia Madre a la que se enfrenta por razones religiosas: “No podrás, aunque lo quieras, ser dueña de tus sentimientos de Madre, y me amarás aunque sea en silencio; me consagrarás todos tus pensamientos, me tendrás siempre en la memoria, aunque sólo sea para orar por mí. Antes de que hubiera religiones, hubo Naturaleza”
EL VALOR DE SER MADRE
Por culpa del azar o de un desliz, cualquier mujer puede convertirse en Madre soltera. Si eres una de esas mujeres, no pienses que no vales nada porque tu pareja te haya abandonado. Al contrario; vales el doble. Vales por mamá y papá, porque tú, en vez de deshacerte de esa nueva vida que engendraste en tu seno, sí tuviste el valor suficiente para enfrentar la realidad. Atesoraste el suficiente amor para sacar adelante a tu hijo y soportaste el dolor del desengaño. Eres fuerte y valiente, con los pies en la tierra.
Dios ha dotado a la mujer del “instinto maternal” de forma tan enraizada, con la finalidad de preservar la especie.
Si no fuera por eso, lo que ella haría al ver a esa criatura minúscula, arrugada y chillona, sería arrojarla a la basura. Pero gracias a ese instinto tan asombroso que le otorgó la naturaleza, la mira embobada, la encuentra preciosa y se dispone a velar por ella durante toda su vida.
Ser Madre no es fácil y es estar siempre preguntándose si se está haciendo bien. Es dejar de sentir el propio cuerpo, cuando el fruto de sí misma está sobre su pecho buscando donde agarrarse. Es el momento en el que el tiempo se rompe y los minutos que antes parecían horas se convierten en segundos, porque antes de contemplar su rostro, todo eran miedos, inquietudes y zozobras que desaparecen al mirarle y le hacen sentir el goce de ser mujer.
Ser Madre es considerar que es mucho más noble sonar narices y lavar pañales, que terminar los estudios, triunfar en una carrera o mantenerse delgada. Es ejercer la vocación sin descanso, siempre con la cantinela de que se laven los dientes, se acuesten temprano, saquen buenas notas, no fumen, tomen su vaso de leche. Es preocuparse de las vacunas, la limpieza de las orejas, los estudios, las palabrotas, los novios y las novias; sin ofenderse cuando la mandan callar o le dan con la puerta en las narices. Es quedarse desvelada esperando que vuelva la hija de la fiesta y, cuando llega hacerse la dormida para no fastidiar. Pero en la mesa está preparado el mantel y la comida aún caliente.
Ser Madre, es temblar cuando el hijo aprende a conducir, se compra una moto, se afeita, se enamora, tiene un examen o le quitan las amígdalas. Es llorar cuando ve a los niños contentos y apretar los dientes y sonreír cuando los ve sufriendo. Es servir de niñera, maestra, chofer, cocinera, lavandera, médico, policía, confesor y mecánico, sin cobrar sueldo alguno. Es entregar su amor y su tiempo sin esperar nada a cambio. Es decir que “son cosas de la edad” cuando le dicen que no entiende ya nada.
Madre es alguien que nos quiere y nos cuida todos los días de su vida y que llora de emoción porque uno se acuerda de ella una vez al año: el Día de la Madre.
Todo esto es cierto, por eso no es de extrañar que hoy en día, el 80% de las mujeres huyan de tales responsabilidades.
Sin embargo, no hay nada más bello que llegar a casa, agotada después de un duro día laboral y ser recibidas por gritos de júbilo y enormes sonrisas, porque ya vino mamá. No hay nada más reconfortante que el fuerte abrazo y beso de ese hijo, que una Madre sabe y siente, que le ama más que a nadie en el mundo y para el cual ella es la mejor y más bella de todas las personas del universo.
De niños creemos que mamá todo lo puede, que no siente cansancio, que no sufre… esa imagen que guardamos de ella con el tiempo no coincide con la que vemos cuando pasan los años. Es entonces cuando descubrimos que mamá también sufre, se cansa, esta triste, no tiene fuerza, calla ocultando el dolor. La vemos como un héroe sobrevivir a grandes tragedias, llevarnos de la mano conteniéndonos y mostrándonos la vida siempre del lado más bello. De niños no entendemos sus lágrimas, cuando sus manos, por aliviarnos de nuestras angustias y problemas, nos sacan las espinas y se las clavan en ellas. Así como nosotros necesitamos tantas veces de la protección de esos brazos fuertes, de la comprensión de nuestros gestos, de nuestros silencios o de nuestro dolor, ella también nos necesita. Por eso debemos detenernos y observarla, abrazarla y hacer que sienta que estamos allí, junto a ella, aunque sea en la distancia; que nos importa; que es valiosa para nosotros. Solo de esta forma, le devolveremos el más hermoso sentimiento de que, desde nuestra concepción nos impregnó; el sentimiento que proporciona paz y tranquilidad en los momentos difíciles de la vida; el que nos contiene; el que minimiza el dolor; el que nos hace luchar por nuestros sueños e ideales; pero sobre todo, nos enseña a dar sin pedir nada a cambio: El Amor.
Ser Madre
Madre es una mujer que entrelazó sus manos con las del hombre amado, al que se entregó en cuerpo y alma para formar entre ambos una cuna. ¿Puede haber algo más hermoso?
Una Madre, es una mujer que tiene algo de Dios por la inmensidad de su amor, y mucho de ángel por la incansable solicitud de sus cuidados. ¿Puede haber entrega más plena?
Nuestra Madre, que con una mirada sabe leer en lo más profundo de nuestra alma, es una mujer que, si es insuficiente en sus conocimientos, descubre los secretos de la vida con más acierto que un sabio, y, si es instruida, se impregna como nadie del candor y la necesidad de su hijo.
Madre es una mujer que, siendo vigorosa, se estremece con el llanto del fruto de sus entrañas y siendo débil, sabe revestirse —si es preciso— con la bravura de una leona. ¿Habrá algo más admirable y digno de admiración?
Nuestra Madre es una mujer que, tal vez nos enseñe pocas cosas, pero aquellas que de ella aprendemos, son las que marcan el sentido de nuestras vidas. ¿Habrá algo más venerable?
La Madre, es una mujer, con un poder tan grande, que solo ella es capaz de borrar del espíritu de sus hijos, el triste sentimiento de la orfandad. ¿Habrá algo más noble?
Y por último, Madre es una mujer con un destino y vocación tan ineludibles, que hasta el mismo Dios quiso sentir la cálida emoción de necesitar una. ¿Podemos encontrar en este miserable mundo algo más grande y más hermoso a la vez?
De nuestra Madre, solo una cosa hay de la que a menudo nos tenemos que lamentar, y es que nos deje antes de que nos demos cuenta que hemos sido tan egoístas, que no hemos tenido tiempo de devolverle tan solo una pequeña parte de todo su sacrificio, de su permanente entrega y del infinito amor que ella nos entregó.
Solo cuando la perdemos, nos sentimos culpables, nos vemos desvalidos e irremisiblemente huérfanos.
Por suerte, el Sumo Hacedor, solo nos dio una. Nadie aguantaría el dolor de perderla dos veces.
* Pido perdón por la licencia gramatical que me he tomado de escribir el concepto “Madre” con mayúscula en lugares que no le corresponde. Con ello solo he pretendido destacar la grandeza de su figura.
La crisis del PP con Cajamadrid en un párrafo
Toros con fatatas

Artículo publicado en La Opinión el sábado 24 de octubre de 2009
CHUFLAS. El problema es que si alguien atrevido, si algún joven con frescura utilizara en el toro el estilo Montes sería, de principio y sin más preguntas ni análisis, un chufla. O un chuflón. Creo que muchos taurinos habrán pensado eso de Andrés Montes. Yo, por mi parte, que me gusta el fútbol y sólo me gustaba el baloncesto cuando me lo contaba Montes, llegué a dudar si lo del fútbol con fatatas tenía o no gracia. Yo mismo, en mi relativa estrechez de mente, llegué a ver a Montes como un… sí, es verdad, como un chufla. Y era porque chocaba con lo establecido, con lo públicamente correcto. Hasta que llegó un momento en que pensé: “¿Y si este es un chufla, por qué no le quito la voz a la tele y escucho el partido por la radio?”. Y, aparte de por el retardo, entendí que la voz de Montes y sus comentarios y sus aderezos no sólo no me eran molestos sino que me gustaban. Aunque a veces la narración de los partidos se le atragantara. Sobre todo cuando no pasaba nada (no vean lo difícil que es que no se te atragante la narración de, pongamos por caso, una corrida de toros, cuando allí no pasa nada). Pero, repito a pesar de poder hacerme pesado, su estilo era inconfundible. Su frescura, única. Y su imagen, como su trabajo, atrevido pero elegante. Lo que me lleva a concluir que al toro le hace falta alguien, pero ya, que se lo venda con fatatas.
JUGÓN. El Montes era un jugón. Él acuñó el término y el término le viene como anillo al dedo. Porque era Montes. Dentro y fuera de la plaza del micro. Y eso tiene mucho valor en esta vida en la que hay un miedo atroz al ridículo. O en la que no todos son lo que parecen. Por eso me fijé en Montes y por eso me gustaba. Porque tengo la esperanza de que algún día llegue al toro alguien sin complejos, con ganas de contarlos de manera distinta y que haga llegar a la mayor cantidad de gente posible el lenguaje universal del toreo. Ese mundo tan hermoso tan mal contado por los que estamos ahora ocupando sesudas tribunas.
LUIS CORRALES. Luis Corrales hablará el martes, en el Club Taurino de Murcia –ocho y media de la tarde-noche- de la situación del toreo en Cataluña. Chunga situación. Hay por ahí danzando una Iniciativa Popular Legislativa que puede hacer mucha pupa. Sobre todo desde el momento en que el PSOE y CiU han dado libertad de voto a sus parlamentarios. Los votos en contra de prohibir el toreo en Cataluña de PP, PSOE y CiU suman los justos para bloquear esa ignominiosa cosa prohibitiva. Así que la libertad -¿de quién, para qué?- de voto de esos dos partidos, dejan con el culo al aire a un país, que de momento se sigue llamando España, por renunciar a sus raíces, a su naturaleza, a su personalidad. Así que confiemos que, a última hora, esos partidos se retracten o que sus miembros, incluso los antitaurinos, nos den en la boca y prohíban prohibir. Por salud democrática y, qué coño, por salud mental. Pero eso es como esperar que la vida pueda ser maravillosa, ¿verdad, maestro Montes?
Cuando nace un niño, nace un mundo nuevo
Madre Teresa de Calcuta
César Valdeolmillos Alonso / Calificaba el gran filósofo español Julián Marías, que lo más grave que ha acontecido en el siglo XX “sin excepción”, ha sido la aceptación social del aborto.
El Comité de Bioética de España, ha emitido su dictamen en el que concluye que matar a un ser humano no es ninguna imposición, pero si un derecho. Un dictamen tan escandaloso como obsceno. Ha habido un voto particular: el de César Nombela -el vocal más respaldado por las autonomías, microbiólogo y ex-presidente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas- que ha votado en contra semejante panfleto, sacando los colores al resto del comité al denunciar “la radical contradicción en la que incurre, al reconocer que desde la concepción, existe una vida humana nueva diferenciada de la de la madre gestante; pero al mismo tiempo admitir que se puede acabar de manera voluntaria con esta vida, durante las primeras catorce semanas de su desarrollo.”
Pero hoy no quiero remover la nauseabunda inmundicia en la que al parecer, por ignorancia, resentimiento o provecho personal, muchos se revuelcan gustosos.
Ponía de relieve en mi artículo “Que difícil es defender el honor de Dios” -el que al parecer ha provocado un interesado revuelo entre la reaccionaria y ultraconservadora progresía- el insaciable egoísmo e hipocresía de que estamos impregnados, enfermedad que nos ha llevado a sustituir los más altos valores del humanismo cristiano, en los que ahonda sus raíces la civilización occidental, por las conveniencias personales y el becerro de oro, terreno abonado para que emergiendo de la negrura de nuestro vacío inmaterial, fructifique en él, la semilla sanguinaria de nuestra propia destrucción que es el aborto, cual nuevos Chronos devorando a nuestros propios hijos.
El ser humano y como tal imperfecto, simultáneamente es capaz de llevar cabo las acciones más sublimes y las más abyectas, sin que por ello sufra desdoro o menoscabo su dignidad. Por el contrario, es precisamente en esta ambivalencia en la que radica su grandeza. Por ello hoy quiero dar un aldabonazo a la puerta de nuestra sensibilidad y que una vez abierta, penetre a través de ella el germen vivificador del amor que siembre de esperanza nuestras vidas. Quizá para que el estiércol se convierta en esplendoroso fruto, podría ser oportuno conocer un hecho que alguien -con infinita sensibilidad y amor- me envió.
“Hace algunos años, en las olimpiadas de Seattle, para personas con discapacidad, también llamadas “Olimpiadas especiales”, nueve participantes, todos con deficiencia mental, se alinearon para la salida de la carrera de los cien metros lisos.
A la señal, todos partieron, no exactamente disparados, pero con deseos de dar lo mejor de si, terminar la carrera y ganar el premio.
Todos, excepto un muchacho, que tropezó en el piso, cayo rodando y comenzó a llorar.
Los otros ocho escucharon el llanto, disminuyeron el paso y miraron hacia atrás. Vieron al muchacho en el suelo, se detuvieron y regresaron. ¡Todos!
Una de las muchachas, con síndrome de Down, se arrodilló, le dio un beso y le dijo: “Listo, ahora vas a ganar”. Y todos; los nueve competidores entrelazaron los brazos y caminaron juntos la prueba hasta la línea de llegada.
El estadio entero se puso de pie y en ese momento no había un solo par de ojos secos. Los aplausos duraron largos minutos. Las personas que estaban allí aquél día, repiten y repiten esa historia hasta hoy. ¿Por qué? Porque en el fondo, todos sabemos que lo que importa en esta vida, más que ganar, es ayudar a los demás para vencer, aunque ello signifique disminuir el paso y cambiar el rumbo. Porque el verdadero sentido de esta vida es que TODOS JUNTOS GANEMOS, no cada uno de nosotros en forma individual.
Ojalá que también seamos capaces de disminuir el paso y cambiar el rumbo, para ayudar a alguien que en cierto momento de su vida tropezó y que necesita de ayuda para continuar TODOS formando parte de un proyecto colectivo, porque entre todos seguro que podemos. Guarda este propósito en tu corazón y asegúrate de encontrarlo en el momento oportuno, cuando debas ayudar a quien te necesite”.
Cuando una adolescente o una mujer tenga la desgracia de caer o encontrarse en las circunstancias de ser diferente del hijo que ha engendrado, no la hundamos más en la sima de su infortunio, abriéndole las puertas para que cometa algo execrable, cuya acción le producirá un derrumbamiento moral y psicológico del que no podrá recuperarse mientras viva. Parémonos. Tendámosle nuestra mano para que pueda levantarse y seguir adelante, no por compasión ni caridad, sino rodeada de una infinita comprensión y amor. ¡Pero todos!
En el caso de las criaturas que describe el hecho que acabo de reflejar, pensemos que tienen los mismos sentimientos e ilusiones que nosotros. Están llenas de ternura y amor y esperan y necesitan recibir lo mismo de sus semejantes. Pero les damos la espalda en muchos casos, porque hundidos en nuestro ciego egocentrismo, los juzgamos y sentenciamos diferentes a nosotros. Y ¿en que nos basamos para dictar esta sentencia? ¿En que somos más numerosos que ellos? Lo que diga una mayoría ¿es razón suficiente y absoluta? ¿Sería realmente de noche a las doce del día porque lo dijésemos una mayoría? ¿Porqué no pensar que no son ellos diferentes de nosotros, sino nosotros diferentes de ellos?
Precisamente porque nosotros somos diferentes de ellos, son seres que necesitan nuestra ayuda para desarrollarse en nuestro mundo, pero que justamente por su indefensión, su sencilla y espontánea pureza, serán los causantes de que gocemos del privilegio de experimentar unas emociones y sentimientos que jamás llegarán a conocer aquellos que no les quieren conocer; que no quieren tenerlos junto a ellos porque temen que pueda destrozar su vida; que les dan la espalda y deciden prescindir del inigualable tesoro que albergan en su interior, descuartizándolos en las ocultas profundidades de su propio seno. En ese momento, del libro de la creación, estamos arrancando una página en blanco en la que nunca sabremos los prodigios que en la misma se podrían haber escrito.
En el claustro materno, el niño se siente seguro en medio de su propia indefensión natural. Pero cuando irremisiblemente se siente atacado desde el exterior, ¿Sabe la madre que lo alberga, de la soledad, infinita tristeza y desesperado desamparo que el fruto de su propio ser siente en su corazón? Aún no puede comunicarse con el mundo exterior, no puede pedir auxilio ni amparo. En la infinita soledad del claustro materno, solo espera quieto. Es el momento en el que Antonio Gala dice: “Si la soledad manchara, no habría suficiente agua en el mundo para lavar a un niño”.
La mujer que así actúe, ignora que ser madre, no es tener un hijo, ni alimentarle, ni educarle, ni hacerle regalos. Ser madre es olvidarse de sí misma y de lo que era antes. Ser madre es vivir para siempre en el fruto de sus entrañas, porque el amor de madre, ni la nieve le hace enfriarse.
Por mucha dedicación y entrega que requiera un hijo en circunstancias consideradas por nosotros “especiales”, se verán generosamente compensadas por el inmenso caudal de las hermosas e inigualables emociones que les habrán de brindar, convirtiéndose con ellas en mujeres verdaderamente privilegiadas.
El aborto jamás podrá ser un derecho, porque excede de la propia madre, que por egoísmo, temor, ignorancia o inducción, destruye una vida independiente apenas comenzada, que si bien es verdad que alberga, en ningún caso le pertenece, porque en cada ser humano, se encierra todo el universo.
Cínica e hipócritamente, se nos llena la boca hablando de paz, mientras simultáneamente impulsamos la muerte, olvidando que si la paz existe, es la imagen de un niño durmiendo.
César Valdeolmillos Alonso
Fusión Cajamurcia-CAM

Los confidenciales siguen escribiendo sobre la posible fusión entre Cajamurcia y la CAM. Esta vez titulan en El Confidencial:
“La fusión CAM-Cajamurcia choca con los recelos de los presidentes autonómicos”
Contador de la Deuda Pública
Gracias a los comentarios que a diario nos deja Cárpatos, he encontrado este enlace del Economist que nos compara los ratios de deuda pública por países y años. Es bastante interesante. Lo que asusta son los datos de España. Para este 2009 nos da un nivel de 53,4%, para el 2010 un 71,1 y para el 2011 un ¡88,7%!.
96.8 Es Radio en Murcia (Otra vez)

Ahora parece que sí. Con un sonido infinitamente mejor (al menos desde mi empresa en Alcantarilla) que el primer día.
Así que ahora no hay excusa.
P.D.: Por cierto no perderse la última media hora del programa de Luis Herrero que ha sido desternillante:
http://fonoteca.esradio.fm/c.php?op=player&id=155
96.8 sin señal en Murcia
Actualización: Pablo Molina, siempre atento, nos ofrece ya una explicación en Crónicas Murcianas
Algo ha tenido que pasar porque tras un primer día esplendoroso, en el que muchos no nos despegamos de la frecuencia 96.8, no hemos podido escuchar Es Radio desde ayer martes al mediodía aproximadamente.
O a alguien no le ha gustado lo que se dijo allí el día del estreno y ha machacado la emisora directamente, o la ingente cantidad de radioescuchas que sintonizamos ilusionados la vuelta de Federico, Luis, César Vidal y los excelentes colaborades que tienen, hemos fundido literalmente la señal.
Cuando me entere de algo lo insertaré por aquí.
75.000 euros. El sueldo mensual de un consejero
Hombre, no creo, como ha dicho un mensaje que le han dejado en la noticia en internet, que haya escrito la crónica tras haberse dado una vuelta por los huertos. Lo que sí creo es que cuando uno está acostumbrado al sensacionalismo, suele tener estos lapsus mentales.




