Envejezco

Quién me iba a decir a mi que con el paso de los años vería la misma perspectiva pero desde arriba. Y mira que me lo decían cansinamente los viejos sabios de espíritu. Todo fluye y tiende a ascender, salvando contadas excepciones, claro. Lo que se divisa no ha cambiado y todo se mantiene en equilibrio. La luna sigue ahí, fíjate. El mar, tan inmenso como siempre. Qué se le va a hacer, no todo está en tus manos. Te reúnes contigo mismo a veces, e incluso llegas a saludarte, algo que conforme pasa el tiempo se hace más difícil. Te das cuenta que quién va envejeciendo eres tu y no lo que te mira. Tremendo. Tienes que sentarte rodeado por la nada en esa terraza que mira al mar para llegar a tan sorprendente conclusión. Será porque la madrugada se muere y porque los efectos del whisky que se sostiene en tu mano empiezan a hacer efecto. ¿Ha pasado ya tanto tiempo?

Esta noche volveré a ver el mar pese a tenerlo a menos distancia de lo que parece y volveré a escribir las mismas tonterías que entonces. Seguro.

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