A medio gas

Aparqué el paquete de Marlboro junto a la cajetetilla de Almax el pasado lunes. Lo llevo fatal, gracias. Tan sólo me he acercado al tabaco cuando la acidez me lo ha recordado y te puedo decir, mi querido lector, que nunca he padecido de estomago tanto como en esta semana. Para rematar con mis dolencias, una lumbalgia de caballo; un decir, claro, ya que no sé si los equinos padecen esta maldición del demonio. Así que, como se puede comprobar, he comenzado septiembre hecho unos zorros. Pero bueno, eso no es lo peor: lo físico se irá diluyendo, mientras lo otro, los desmanes de la pandilla de analfabetos que nos desgobierna y quienes les rodean (garzones, marujastorres, etc.), sigue calando dentro, impregnando de humedad lo más recóndito de mi estupenda y estilizada figura.

Podría escribir dos puntos, y sin esfuerzo, rellenar todo el post con las barbaridades de la última semana, y eso que no ha empezado todavía al cien por cien el curso político. Podría escribir también de los otros, de la oposición (debería ponerla entre comillas), que entre que dicen que van hacer, que dicen que hacen, que si han hecho esto o lo otro, se les pasa la legislatura a las criaturas sin darse cuenta que han estado ahí. Pero no. Lo aplazo sine die, como he hecho desde que empecé con la bitácora. Hay cosas más urgentes que atender, como mi salud y mi economía. Hoy me limito a enlazar el discurso de Sarah Palin. Que ya es bastante.

Por cierto, voy a tomarme un Almax.

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