De Nueva Florida a Nueva Orleans

He escuchado durante estos años de bendita locura ecónomica la visión de muchos de convertir a la Murcia huertana en una especie de Nueva Florida donde los jubilados europeos y ricos de distinto abolengo procedieran a buscar su eterno descanso en esta hermosa tierra. El sueño de muchos ya es un hecho pese a las dificultades y penalidades en las que nos encontramos. Hay iniciativas privadas que son testarudas y se empeñan en reajustarse para afrontar los malos tiempos. Si no hay Florida por ahora, pues habrá otra cosa. Una especie de mezcla entre New Orleans, Chicago o New York de los depresivos años treinta, por ejemplo.

Polaris World ha programado para esta Nochevieja la actuación de Woody Allen con su banda New Orleans Jazz Band. Como Florida todavía queda lejos se le da a ésto una especie de ambiente de esos años, que en eso estamos o vamos a estar ahora, y a esperar que escampe. Seguro que no lo han pensado, como es natural. Esta tontería tan solo se me puede ocurrir a mi al ver los vídeos de Woddy Allen tocando el clarinete y el anuncio de Polaris.

Si el ragtime surgió a finales del XIX de la mano de Scott Joplin y el jazz se desarrolló durante los veinte, bien es cierto que durante los treinta se produjo la explosión de las Big Bands y del swing, justo en los momentos álgidos de la Gran Depresión. Toda una contradicción, pero ahí tenemos a Benny Goodman, Glen Miller, Fletcher Henderson, Jimmie Lunceford, Teddy Wilson, y tantos otros, que marcaron musicalmente esta época. Una música con un ritmo extraordinario pero que deja siempre un lamento latente, una melancolía implícita, debido a sus raíces criollas y negras de la ciudad de la desembocadura del Mississippi.

He leído que el swing es para el jazz como el duende para el flamenco y en épocas como ésta no está de más acercarse a los grandes de esa música que pondrán la banda sonora a una época que, no cabe duda, será recordada por nuestros nietos. Panem et circenses pero con la trompeta de Louis Armstrong y su banda Hot Seven de fondo marcando ese sabor agridulce que antes comentaba.

Por eso me parece tan acertado el epílogo a este año nefasto, o mejor dicho, la introducción musical a un año aún peor, que ha elegido Polaris con la contratación de Woody Allen para la celebración de la Nochevieja en el Hotel Intercontinental. Y no ya por el artista, que nunca ha sido para mi alguien de especial devoción, sino por la música que interpreta.

La auténtica cultura no viene impuesta desde los poderes públicos, ni del poderoso que quiere imponer las tendencias de sus gustos. Las expresiones artísticas surgen espontáneas de la gente libre y de la iniciativa privada que va marcando los gustos y las modas.

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