Esperanza Aguirre

esperanza aguirre

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“No me resigno a que el Partido Popular no dé las batallas ideológicas y sea capaz de ganárselas a los socialistas.

No me resigno a que los gobiernos del Partido Popular sean una excepción en la democracia española.

No me resigno a que para que gane el Partido Popular los votos de la izquierda tengan que dividirse o que la participación sea muy baja.

No me resigno a que tengamos que parecernos al PSOE para aparentar un centrismo o una modernidad, que ya están en las bases de nuestras convicciones y nuestros principios políticos y no en los de ellos, como he señalado.”

Discurso de Esperanza Aguirre

Sra. Presidenta de ABC, Sr. Presidente de Deloitte, Sr. Presidente de Unión FENOSA, Sra. Presidenta de la Asamblea de Madrid, Sr. Presidente de la Audiencia Nacional, Sres. Consejeros de la Comunidad de Madrid, Sres. Embajadores, Presidente del Partido Popular,

Señoras y señores,

Quiero empezar mi intervención agradeciendo a los organizadores de este almuerzo su generosa invitación a dirigirles la palabra. Gracias, por tanto, a Unión FENOSA, a Deloitte y, por supuesto, a ABC por proporcionarme esta oportunidad. Gracias a ellos hoy podré hacerles partícipes de mis reflexiones sobre la política en general, y, en particular, sobre la vida política española de hoy.

Agradecer al ABC esta oportunidad me permite reiterar la gratitud que los liberales le debemos, pues siempre, aun las épocas más adversas, hemos tenido sus páginas a nuestra disposición. Hoy voy a hablarles poco de la Comunidad de Madrid y de los proyectos e iniciativas que estamos impulsando desde el Gobierno y que creo que ustedes ya conocen.

Hoy quiero hablarles más de política, de principios, de ideología, de prioridades y de futuro. Señoras y señores, El 29 y el 30 de junio de 1985 tenía lugar en Madrid el VI Congreso del Partido Liberal. A mí me correspondió redactar y presentar la Ponencia de Ideología, de la que me voy a permitir leerles un párrafo:

“Hoy, las posiciones ideológico políticas opuestas en todo el mundo occidental dividen a los ciudadanos entre estatistas y liberales, entre los que creen que el Estado puede juzgar mejor que los individuos sobre sus necesidades, y elegir por ellos, y los que consideramos que cada persona debe elegir libremente, siempre que las necesidades mínimas estén garantizadas.”

Hoy, 23 años después, las convicciones liberales que entonces expresaba con firmeza y con claridad en aquella ponencia se han hecho aún más fuertes. Porque la experiencia de estos 23 años ha demostrado cumplidamente su eficacia en la práctica para promover la prosperidad allá donde se han aplicado.

Y puedo asegurar que, desde que fui elegida Concejal del Ayuntamiento de Madrid, hasta hoy, siempre he tenido muy claro que si estaba en política era para defender esas ideas liberales y para llevarlas a la práctica.

Porque esas políticas liberales no sólo promueven más prosperidad y oportunidades para todos, sino que son las más sociales, las que permiten impulsar y articular mejor la solidaridad entre los ciudadanos. Una solidaridad que busca que nadie se quede descolgado, que nadie se quede atrás, y que todos tengan acceso a la prosperidad que entre todos estamos creando.

Señoras y señores, España acaba de celebrar unas Elecciones Generales y el Partido Popular ha obtenido un buen resultado. Hemos conseguido más de medio millón de votos más que en 2004 y hemos rozado nuestro récord de 2000, cuando obtuvimos mayoría absoluta. Y hemos obtenido más votos y más porcentaje que en 1996, cuando gobernamos. Pero, a pesar de este muy buen resultado, no hemos ganado las Elecciones.

Saber por qué no hemos ganado estas Elecciones requiere, sin duda, un análisis muy pormenorizado de los resultados y de sus causas, y no es éste el lugar para hacerlo. Sin entrar en demasiadas profundidades, sí parece evidente que el PSOE ha crecido a costa de IU y de los nacionalistas por una razón muy clara, porque se ha presentado con el aval de una Legislatura en la que ha impulsado muchas iniciativas que coincidían con las de Llamazares o las de Carod-Rovira. Pero también es verdad que ese sesgo hacia posturas extremistas y nacionalistas no ha provocado ninguna desbandada entre los votantes moderados y antinacionalistas del PSOE hacia nuestras filas. Ha sido un avance importante entre el electorado del PSOE, pero no suficiente. Dicho de otra manera, al PSOE no le han pasado factura sus iniciativas más nacionalistas y más izquierdistas.

El corrimiento del electorado socialista hacia nuestras filas no ha sido todo lo intenso que cabía esperar, probablemente, porque nuestros adversarios se han dedicado durante toda la Legislatura pasada a plantear debates ideológicos que escondían trampas para hacernos aparecer como un “nasty party”, como un partido antipático, anticuado, al que le cuesta mucho trabajo ganar terreno entre sus contrincantes. Y les pondré sólo un par de ejemplos de cómo esas maniobras ideológicas de los socialistas han logrado colocar al Partido Popular en esa incómoda posición.

Desde la promulgación de la Ley del matrimonio homosexual, el 2 de julio de 2005, hasta final de 2006 (última fecha para la que tenemos datos absolutamente fiables) sólo se casaron 5.582 parejas homosexuales. Esto da una idea de que el debate que suscitó la aprobación de esa Ley era más ideológico que afán de resolver un acuciante problema social. Pero ese debate fue utilizado para trazar una línea que clasificara a los ciudadanos entre los que están por la modernidad y a favor de los homosexuales, personas que han sido secularmente perseguidas, y los que ponen un freno al avance de nuevas formas de familia y todavía guardan recelos hacia la libre sexualidad de las personas.

El debate, así planteado, siempre tendría un ganador, como hemos podido comprobar. Y lo paradójico de este debate es que Rodríguez Zapatero lo plantea, seguro de ganarlo, a pesar de presentarse como heredero del socialismo histórico español (en el que proliferan los casos de escandalosa homofobia, y ahí están las referencias a los “invertidos” de Largo Caballero en sus memorias, o la actitud de los dirigentes del PSUC, los comunistas catalanes, ante personalidades como Jaime Gil de Biedma, al que, ya en los años 60, no le permitieron afiliarse por su condición homosexual). A pesar de presentarse como condescendiente con Castro, que directamente los encarcela, o como impulsor de una inconcreta “alianza de civilizaciones” con países en los que se les ahorca.

Y nosotros, el Partido Popular, que no tenemos ningún lazo histórico ni afectivo con regímenes donde se haya perseguido a los homosexuales y que siempre hemos denunciado radicalmente la homofobia, hemos aparecido en ese debate como la fuerza que se opone a una extensión de derechos. Es sólo un ejemplo, pero es un buen ejemplo, de las trampas ideológicas que nos ha tendido Rodríguez Zapatero. Pues, y es lo más grave, negarse a llamar “matrimonio” a la unión civil de homosexuales era la posición más correcta para defender de verdad sus derechos. Y evitar –como así ha ocurrido– que las legítimas aspiraciones de los homosexuales se utilizaran para dividir ideológicamente a la sociedad española y no para defenderlos de verdad, como sujetos de derechos y no como piezas de un colectivo.

Veamos otro ejemplo de utilización ideológica de un debate planteado únicamente para resucitar agravios, crispar la convivencia y colocar al Partido Popular “en el lado malo de la historia”: la Ley de Memoria Histórica. La realidad es que nadie puede decir que, desde 1977 hasta hoy, el Estado haya sido cicatero con las víctimas de la Guerra Civil. Es verdad que la inmensa mayoría de las terribles tragedias individuales que la Guerra Civil provocó no tiene ya solución, pero el Estado ha intentado, bajo los distintos gobiernos sin excepción de estos 31 años, paliar en lo posible todas las situaciones injustas. Por eso, hasta la fecha, ha indemnizado a las víctimas con más de 16 mil millones de euros, y desde 1977 hasta hoy todo el que ha querido reivindicar a cualquier personalidad republicana ha podido hacerlo con toda facilidad. Creo firmemente que una sociedad decente no puede permitir que quede ni una sola víctima de la Guerra Civil sin enterrar con todo el respeto y la dignidad que merece, pero también es cierto que, desde 1977, sus descendientes o sus correligionarios han podido hacerlo.

En el debate que esta Ley ha provocado, nuestro Partido, que no es heredero de ninguno de los partidos de la II República y que no tiene la menor concomitancia con el franquismo, ha defendido que lo importante era “mirar hacia el futuro”. Pues bien, esos alegatos a favor de “mirar hacia el futuro” han sido percibidos por muchos como una muestra de inseguridad de nuestra postura, cuando no como un intento de justificar la dictadura de Franco. Y esa negativa a afrontar el debate ideológico en la interpretación de la Historia –porque la Historia se interpreta desde posiciones ideológicas– nos lleva a parecer herederos de un régimen antidemocrático, antiliberal y antinacional, como el franquismo. Un régimen que abominaba de la libertad y que negaba la Nación como sujeto de la soberanía. Un régimen con el que el Partido Popular no tiene nada que ver. Pero nuestra negativa a entrar a fondo en el debate ideológico lleva a los socialistas –ellos, sí, herederos de unos partidos que, desde posiciones totalitarias, coprotagonizaron el fracaso colectivo de la Guerra Civil- a aparecer como paladines de una libertad y de una democracia en las que en 1936 no creían y que ayudaron a destrozar.

Éstos son sólo dos ejemplos de las trampas que nos han tendido y que han servido para colocarnos ante la opinión pública en posiciones que no son las nuestras y para que al votante desengañado del PSOE le resulte difícil dar el paso de votar a un partido liberal y abierto. Porque España no es, ni puede ser, una anomalía en Europa. Y si Zapatero llega hasta 2012 en La Moncloa nos encontraremos con que el PSOE habrá gobernado en España 22 de los últimos 30 años. Algo que no tiene parangón en los países que histórica, económica y socialmente son parecidos al nuestro. Porque las opciones liberales de los países europeos de nuestro entorno no sólo han estado mucho más tiempo en el poder que el Partido Popular en España, sino que, además, son las que han liderado las principales reformas para que esos países prosperen y afronten con mejores garantías las crisis que se les presentan –como la que ya estamos sufriendo–.

Basada en los principios liberales y convencida de que el Partido Popular puede y debe liderar una opción que obtenga el apoyo mayoritario de los españoles, hoy quiero proclamar que no me resigno a que nos presenten como un partido antiguo y retrógrado, cuando somos la opción más abierta, más moderna y la única que no tiene hipotecas con su pasado.

No me resigno a dejar de denunciar el sectarismo del Pacto del Tinell y la actitud profundamente antidemocrática del PSOE cuya política tiene, desde las Elecciones Vascas de 2001, como único objetivo estigmatizar a nuestro Partido y a sus militantes, simpatizantes y votantes.

No me resigno a que nos arrinconen y nos hagan aparecer como enemigos de los homosexuales, cuando no tenemos ninguna tacha de homofobia en nuestra historia.

No me resigno a que nos etiqueten de anticatalanes cuando somos el único partido que de verdad defiende a los ciudadanos de Cataluña, y no utiliza las legítimas aspiraciones de fomento de la lengua y la cultura catalanas para buscar el poder.

No me resigno a que la política internacional de los socialistas haya llevado a España a la tercera división europea. No me resigno a que, con un porcentaje ínfimo de votos, los nacionalistas acaben dictando la política española.

No me resigno a que el Partido Popular no dé las batallas ideológicas y sea capaz de ganárselas a los socialistas.

No me resigno a que los gobiernos del Partido Popular sean una excepción en la democracia española.

No me resigno a que para que gane el Partido Popular los votos de la izquierda tengan que dividirse o que la participación sea muy baja.

No me resigno a que tengamos que parecernos al PSOE para aparentar un centrismo o una modernidad, que ya están en las bases de nuestras convicciones y nuestros principios políticos y no en los de ellos, como he señalado.

Como no me resigno a contemplar impávida cómo la educación en España se deteriora por momentos. Y cómo las universidades españolas no figuran nunca entre las mejores de Europa y, mucho menos, entre las mejores del mundo.

Ni me resigno a contemplar una política del agua que consiste en llevar agua en cisternas desde Almería a Barcelona, y no a dar el agua que sobra en unas cuencas a otras. Ni me voy a resignar cuando veo el escándalo que produce en los ciudadanos el funcionamiento de la Justicia.

Y no me resigno a no desmontar todas las trampas ideológicas que nos tienden nuestros adversarios.

Y como no me resigno a estas y a otras muchas cosas, estoy en el Partido Popular dispuesta a dar la batalla para que los españoles conozcan de verdad la opción abierta, moderna y liberal que es nuestro Partido.

El Partido Popular es un gran partido. Y es un partido en el que caben todos los que creen en la libertad como centro y motor de la vida política y todos los que creen que España es una gran Nación de ciudadanos libres e iguales. Con esos dos principios bien arraigados, estoy convencida de que podemos convocar a una mayoría de españoles. Porque la opción liberal, que consiste en confiar en los ciudadanos, en sus iniciativas, en sus energías, en su creatividad y en su indiscutible afán de prosperar, es la mejor solución para los problemas de los españoles. Y esa opción liberal sólo la ofrece el Partido Popular.

Como también es el Partido Popular el que mejor defiende una idea de España en la que quepamos todos los españoles sin excluir a nadie, una idea de España abierta y no cerrada, una idea de España en la que aceptemos nuestro denso y rico pasado, con sus luces y sus sombras, para aprender de esas luces y para evitar las sombras. Una idea de España que nos sirva de apoyo en un mundo en el que la lengua, la historia y la cultura de España son vistas como una garantía.

Y para presentarnos ante los ciudadanos españoles con nuestras políticas puestas al día, el próximo Congreso es una inmejorable oportunidad. Allí nos toca renovar y actualizar nuestros principios ideológicos y nuestras líneas programáticas. Al mismo tiempo, hay que ilusionar y convocar, desde nuestro Partido, a todos los que creen en la libertad y recelan del intervencionismo socialista, y a todos los que creen que España es una gran Nación. Nuestra tarea, desde ahora mismo, es esa: acercarnos a esa inmensa mayoría para que nos conozcan mejor y para que, cuanto antes, nos permitan gobernar en España.

Esta es la misión del Congreso que se avecina. Muchas gracias.

Cómo convertirse en un icono progre

Acabo de recibir un mail de Criteria Club de Lectores con la inclusión en el catálogo de novedades del segundo libro de Pablo Molina. Arriba he colgado el vídeo de presentación del mismo. Espero que se den prisa y pueda recibirlo antes de este fin de semana para dar buena cuenta de él mientras se quema la sardina.
Policronio, siempre atento, ya nos lo enlazó hace unos días.

El frente

Anteayer me alegraba al ver que el general derrotado el pasado domingo en la batalla de las elecciones, daba un paso al frente para asumir el liderazgo que necesita todo ejército recién vencido y que quiera reconquistar pronto el poder. La oposición se tenía que hacer desde ese mismo instante y no había ni un minuto que perder, aunque hubiera que hacer sobre la marcha una autocrítica por parte de todos que les condujera a desentrañar las causas de la derrota. De ahí mi alegría, pues pensaba que era quien mejor podía analizar la situación y establecer las bases de la nueva cruzada que liberara a España del yugo de la estulticia a la que nos ha llevado el gobierno de ZP y a la que nos llevará, con toda seguridad, en la próxima legislatura.
Demasiados coroneles han estado al acecho del general desde hace tiempo, posicionándose en el lugar apropiado para, llegado el caso, caer sobre el derrotado. En mi opinión lo que hacía falta tras la reciente capitulación, era la unión de todos ellos para rearmar a la tropa y dar moral a unos batallones exhaustos que en esos momentos carecían totalmente de ella. Hasta ahí, de acuerdo. El general debía ponerse al frente de todos ellos para analizar la derrota, que si bien no había sido del todo humillante, sí había dolido entre las bases. Perfecto. Debían preguntarse, del mismo modo, tanto el general como el ejercito al completo, las causas de la misma, para establecer un debate con diferentes propuestas y someterlas a votación entre toda la tropa para legitimar el proceso. Pero el debate se ha obviado. La decisión del general ha sido poner el tejado antes de construir la casa. Se ha postulado él y aplica el ordeno y mando. Y es ahí donde viene el problema. Los coroneles no han tenido más remedio que hacer piña alrededor del general, tras el anuncio de éste de convocar un consejo, para que se le reafirme en el puesto. No cabe la opción que alguno de ellos con las ideas que considere oportunas se postule como sustituto de éste, puesto que la decisión ya está tomada; no existe la posibilidad real entre la tropa por decantarse por la continuidad del general o la sustitución por alguno de los coroneles que pueden derrocarle, porque ya está todo marcado. El mal seguirá abierto y las luchas internas por alzarse con el poder continuarán. No va a haber un debate serio, sino un ordeno y mando. Pero da igual, estamos hablando de ejércitos y aquí la democracia no tiene hueco.

Dormía el conde Rodríguez

No me resisto a colgar este romance de Alfonso Ussía que me han enviado:

Dormía el conde Rodríguez
acostadito en la su cama:
La pierna izquierda encogida,
la diestra, más estirada.
(la otra pierna, la de enmedio…
es costumbre no mentalla).

Dormía plácidamente:
Hay que ver lo que roncaba,
so la lana del embozo
de su manta zamorana.
Y la condesa Sonsoles ,
que al su lado estaba echada,
roncaba un aria da capo
que ni la María Callas…

Y antes de que cante el gallo…
(Que lo suele hacer al alba,
porque sepan las gallinas
quién les canta y quién les manda…)
con el rostro demudado,
¡Don Rodríguez despertaba!

‘¿Qué es aquesto? -diz Rodríguez-
¿Quién mi sueño sobresalta?
¡A mí la guardia moruna
del Ministro Rub-al-Kaaba!’

Avanzando entre las sombras
que rodeaban la su cama…
ve que crece, ve que avanza…
la silueta recortada
de un espectro, de un fantasma…
¡Vive Dios que miedo daba!
Entre nubes de sulfuro
y otras de canela en rama,
a los pies de Don Rodríguez
el espectro da la cara:

Va vestido de uniforme,
calzón corto, con polainas…
y, esparcidas por el pecho,
quien en ello se fijara…
no verá que lleve estrellas,
sino bujeros de bala.
Lleva gafas redonditas
-las que John Lennon llevara-
y así… Visto desde lejos,
se da un aire con Azaña.
Noble porte, talle recio,
cabellera ya entrecana…
Y quién es y a qué ha venido,
allí mesmo lo declara:

‘¡Yo me llamo Juan Rodríguez :
soy tu abuelo… Noramala.
Y aquí vengo por decirte
cuatro cosas a la cara!’
-‘¿Tú, mi abuelo idolatrado,
aquél que Franco matara?
¿Tú, la víctima primera
de entre todas las de España? ‘
-‘¡Ese soy… y menos coba! ‘
-‘¡A mis brazos, camarada! ‘
-‘¡Quita allá!… Menos abrazos,
que de mí no sabes nada:
Si supieras, no le harías
lo que estás haciendo a España’
-‘Abuelito fusilado…
¿No será que estás de guasa?
¿No te dieron matarile
los del trapo rojigualda?
Pues que sepas que tu nieto
que por algo es el que manda-
va a volver a la contienda
otra vez las dos Españas:
¡Y esta vez verás, abuelo…
que es la nuestra la que gana!
¡Una España progresista,
federal-republicana,
asimétrica y cubista
de la noche a la mañana!’

El abuelo fusilado
mírale y no dice nada…
Mírale muy fijamente,
con su cara de fantasma,
una cara que parece
que es de cera, por lo blanca…
Y por ella, mansamente,
una lágrima resbala
(que la cara, según dicen,
es el espejo del alma…)

Ya son setenta los años
que llevo criando malvas
en el Cielo del Olvido,
y no sé lo que me pasa…
Pero me llena de rabia
que mi muerte y la de tantos
no sirviera para nada.

Allí estamos a millares
los que la guerra matara…
Con su poquito de gloria,
con su poquito de infamia.
Padres, tíos y sobrinos,
abuelos de media España.
Allí todos somos uno…
Ya no hay rojos, ya no hay fachas,
vencedores ni vencidos…
Sólo queda la enseñanza
de saber que el fanatismo
es quien miente y es quien mata.

Otros muertos más recientes
pueden dar de ello palabra…
(Y no veo que por ellos
se te mueva pie ni pata)

Ese es todo mi mensaje,
mi mensaje de fantasma:
No nos metas a los muertos
de comparsa en la tu causa.
No te cuides de los muertos…
Cuídate de los que matan,
los que han hecho de la muerte
su más próspera jugada.
Ahí te quedas, Don Rodríguez…
Ahí te quedas en tu cama.
Yo me voy al otro barrio,
que el de aquí me rompe el alma.

San Valentín

Me pasa mi amigo Imperator un meme, a lo que no estoy acostumbrado a contestar. Soy un blogger atípico que no suele dejar comentarios en las bitácoras que visito –y que puedo asegurar que son muchas-, ni sigo normalmente estas prácticas modernas muy usuales en el mundo bitacoril (¿?) y que son necesarias, por lo que veo, para estar en el candelero de este mundo virtual en el que se va abriendo cada día mucha más gente.
El juego se trata de responder a dos preguntas con motivo de la festividad de San Valentín. Bien. Tengo que decir que nunca he celebrado este emotivo día. No porque tenga algo contra los comercios que quieran dar pábulo a cualquier cosa que necesiten para incrementar sus ventas, algo que considero de lo más legítimo, sino más bien porque siempre me ha venido mal. Cuando nos contábamos por meses (cualquier tiempo pasado no tiene porqué ser mejor) caía nuestro aniversario al día siguiente de tan enternecedora fecha. Nos desquitábamos de tanta sacarosa pasada con un buen plato de jamón de jabugo, un Jumilla y una Estrella de Levante con almendras para abrir boca. Todo un ritual, siendo ese mi mejor regalo. Mi respuesta ante este suculento regalo no podía ser otra que: Mmmm..¡
Pido perdón a los creadores del meme, pero dentro del libro de estilo de está humilde bitácora no entra pasar cosas de éstas, salvo premios importantes. Además, está nublado y hace frío. ¿Queda mucho para la primavera?

Bermejo se acomoda

El ministro Bermejo, el que ha amerizado por sus patines en esta tierra sin agua, se ha buscado piso artistocrático y/u oficial en Madrid. Es para que tomen buena nota los murcianos, ya que pretende, como Javier Clemente con la selección de fútbol de Irán, dirigir nuestros designios en el Congreso desde una humilde choza en el centro de Madrid. Qué tío. El orgullo rojo de la izquierda radical que nos gobierna, va a okupar la misma solución habitacional en la que pastó la no siempre valorada ministra Trujillo. Todo progre que se precie debe tener cierto gusto por la estética y la decoración, hacerla suya y proyectarla en cada rincón de su hábitat. No ha tenido más remedio que gastar 250.000 euros en la reforma de la misma tras el destrozo considerable que propinó a la humilde morada la ex-ministra ex-tremeña, que la dejó “en condiciones deficientes” (según nos cuenta El Mundo). Estos salvadores de los pobres saben hacer uso de su dinero de una manera muy particular, muy suya. Bermejo aporta, además, otro signo distintivo de los de su calaña: hundir y pisar, si hace falta para su divismo, hasta a sus correligionarios.

Y la Narbona de portero

Sobre el agua por mar para Cataluña. La enésima ocurrencia de este gobierno amoral e improvisado comentada por Juan Guillamón:
“Así es que, para Cataluña, el agua procederá de Almería, de las montañas o de la Luna pero nunca del Ebro pues detraer el 6% de su aportación al mar es una trasgresión ecológica de tal magnitud que, de darse tal circunstancia, ni sardinas, ni arenques, ni banquisas, ni cuñas, ni biotopos, ni posidonias, ni almejas, ni arroz ni nada sostenible quedaría en pie para tormento de nuestros descendientes.”

Lecturas recomendadas

Brillante artículo de Martínez-Abarca en Libertaddigital: “El problema, el problemón, el enervante armagedón para el PP es que no sólo han pagado y además munificientemente las innecesariedades de los estómagos que tanto tendrían que agradecerles, sino que no tienen la más mínima intención de no continuar sufragándolos. La realidad, la vergonzante realidad, la espeluznante realidad es que los gobiernos autonómicos o locales del PP, desde que Rajoy perdió las elecciones hace cuatro años, no sólo no retiraron las subvenciones a los estómagos escasamente agradecidos, sino que las redoblaron con renovada furia desde todos los departamentos, no sólo los que dependen de Cultura, a ver si así se lo agradecían, que tampoco.”
Pablo Molina describiendo a Solbes con su genial estilo en el artículo del pasado fin de semana, “El precio del voto se dispara hasta los 400 euros”: “Qué bueno es Z. Y no digamos su ministro de Economía, D. Pedro Solbes, persona de gran humanidad y modales arcangélicos que seguramente no ha gritado en su vida. Porque no me negarán que resulta difícil imaginarse a este hombre cabreado por algo. El tío es de los que reciben un chorro de metal incandescente en mitad de la rabadilla a causa del despiste de un amigo y se limita a decirle, en tono apacible: “Por Dios, Luis Manuel, lleva un poquito de cuidado, que me has tirado un chorro de acero licuado a tres mil grados de temperatura en mitad del culo y, la verdad, es un poco molesto”.
Javier Orrico escribe también en el suplemento Ideas sobre educación: “El futuro ya está aquí: Enseñanza Sucédanea Obligatoria (ESO) para los humildes y auténtico saber para el que pueda pagarlo. El hundimiento definitivo de la utopía democrática y del proyecto ilustrado. Una muesca más en la culata de Zapatero.”

Y para terminar, como Policronio, también rompo con Zapatero.

Idioteces

Por casualidad me he encontrado este especial elecciones USA que ha incorporado La Opinión de Murcia a su página web. Lo enlazo en la barra lateral porque merece la pena. Realmente buscaba el artículo de hoy de Angel Montiel, pero como siempre me he dado con la web en las narices. Hoy nos escribía sobre “La idiotez en las bellas artes”.
Resulta que en Murcia, y gracias a la Consejería de Cultura, se va a desarrollar una especie de performance (o como coño se diga) bajo el comisariado de Nicolas Bourriaud que pretende, según él, “ver cómo los artistas toman prestados los métodos de la arqueología, en este caso la de la Región, y excavan en el mundo contemporáneo con la misma minuciosidad que los especialistas en civilizaciones desaparecidas”. No voy a transcribirlo entero por falta de tiempo, pero voy a dejar tres perlas:
“No hay salida. Si denunciamos a esta panda como los impostores que son acabamos legitimando su supuesta radicalidad artística; si los aplaudimos, no hay duda de que después de cobrar se regocijarán de habernos tomado el pelo”.
“La rebelión frente a lo establecido está pagada por lo establecido, y se supone que el público hemos de entenderlo como una ironía, como una complicidad secreta de la que participamos. El problema es que al público no se nos da nada -escombros y tonterías de guardería-, mientras los artistas se llevan en unas semanas los impuestos de cientos de trabajadores honrados. Y todo esto con luz y taquígrafos, con dobles páginas en los suplementos literarios de la prensa nacional -previa alimentación publicitaria- elaboradas por los colegas de los timadores que protagonizan esta chorrada -y carísima- carnavalada artística (hoy por ti, mañana por mí)”.
“El comisario es el flautista que lleva tras de sí a esta camada de indocumentados bien retribuidos que aparecen por provincias a rapiñar el presupuesto público con la complicada (sic) de los gestores culturales. En otro caso, tendría piedad del consejero de Cultura, pero en éste, conociendo a Pedro Alberto Cruz -ante quien siempre me quito cincuenta veces el sombrero-, no puedo creer que haya apostado, estando sobrio, como es su costumbre, por esta tontería. Él, que va de liberal, y sin embargo ha venido a pagar con dinero público a una empresa de espectáculos artísticos perfectamente cosificados que viene a educarnos en la vaciedad y en las (sic) estulticia”.