Mi radio, el liberalismo y yo (I)

El curso había terminado y los exámenes finales ya quedaban lejos. La madrugada era el mejor momento para acercarse a algún libro, ya fuera por la tranquilidad de la noche o porque eran las mejores horas para escuchar la radio. En una de ellas, y en un momento en el que apenas le prestaba atención al soniquete del transistor, la voz de José María García se oyó con un tono diferente en su programa “Supergarcía en la hora cero[1] : abandonaba Antena3 Radio.

Desde bien pequeño se me ha hecho casi imposible conciliar el sueño si no he tenido una radio cerca. Y más aún en época estival, cuando mi cuerpo y mi mente estaban supuestamente más descansados. En esa noche calurosa de julio, cuando estaba casi a punto de dormirme, me incorporé bruscamente de la cama. No me podía creer lo que estaba escuchando. Le subí el volumen hasta el límite que las normas de mi casa me permitían. No me lo creía:

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-“¡Manolo!, ¡Apaga la radio y duérmete ya!”,- sonó con tono amenazante la voz de mi madre desde su habitación-. Yo creía que la tenía casi en silencio, pero se ve que la estaban escuchando, mis padres, mi hermana Mariate, mi edificio y todos los vecinos de enfrente.

–“¡Calla, calla!”,-le respondí mientras acercaba mi oreja al altavoz de aquel vetusto radio-despertador y giraba la rueda del volumen-.

Fue un discurso con la voz quebrada, trascendente, en el que pedía perdón a sus oyentes por abandonarlos justo antes de la Olimpiadas de Barcelona 92: “doy la espantada en uno de los acontecimientos profesionales más importantes de mi carrera” o algo así. Mi niñez giraba alrededor del deporte y más concretamente del fútbol. Antena3 Radio, sin lugar a dudas, era la cadena que mejor se acercaba a la información que necesitaba para poder hablar con propiedad en los recreos del colegio, con permiso de “Radiogaceta de los Deportes” del inigualable Juan Manuel Gozalo en Radio Nacional de España. José María García era el auténtico líder de audiencia por aquellas fechas, y yo su ferviente seguidor que siempre que podía, y que no me vencía el sueño, no faltaba a su cita.

Antena3 Radio

antena3_radioAntena3 Radio [2],  empezó a emitir a nivel nacional el 4 de mayo de 1982. Fue fundada por un conglomerado de empresas en las que destacaba el Grupo Godó (La Vanguardia) con un 51% de las acciones, Prensa Española (ABC) un 13%, Manuel Martín Ferrand (consejero delegado, auténtico fundador y preboste de la cadena de emisoras) con un 5%, además de la agencia Europa Press y el Grupo Zeta. Contaba con un elenco impresionante de profesionales que más tarde nutrieron a otras cadenas tras su triste desaparición.

Allí estaban, por empezar por el último programa del día, o el segundo según se mire, Carlos Pumares, que empezaba a continuación del programa de García. Y digo a continuación porque no tenía una hora concreta de inicio. “Supergarcía” podía terminar una hora y media después de la media noche o llegar a las dos horas. Dependía de la actualidad y la santa voluntad del “Butanito”. “Polvo de estrellas” era un programa de cine, aunque el presentador no tenía ningún reparo en hablar de cualquier tema. Los domingos por la noche realizaba un programa con una selección musical compuesta de inolvidables fragmentos de películas y bandas sonoras maravillosas (aún conservo alguna cinta de radiocasete con la grabación de algún programa de estos, cuando le dábamos a la vez al “rec” y al “play”). En el resto de la semana podíamos escuchar las llamadas de los oyentes -a los cuales atendía con la mítica frase: “Sí, buenas noches, dígame“- y sus respuestas a las preguntas sobre cine de estos. Se hizo muy famoso por sus broncas a los oyentes, sus gritos en plena madrugada y por realizar monográficos históricos como el de la película “2001: Una odisea del espacio” con su famoso ‘monolito’.

“La radio es sugerente, obliga a pensar y a imaginar, hace trabajar la cabeza; la televisión, en cambio, embota, atonta y predispone a consumir sin ningún ejercicio crítico cualquier cosa que te echen” (Antonio Herrero)

Antonio Herrero empezaba a las 6 de la mañana, toda una novedad por aquellas fechas, con su peculiar e inimitable estilo. Su competencia lo hacía a partir de las 7. Se convirtió en líder absoluto de audiencia por encima de los pesos pesados Iñaki Gabilondo y Luis del Olmo, sobre todo en las primeras horas, las más jugosas informativamente hablando. Luis Herrero, Federico Jiménez-Losantos, Justo Fernández, Pedro J. Ramírez, José Luis GutiérrezNicolás Redondo, Jesús Cacho, Amando de Miguel, Consuelo Sánchez Vicente o Luis María Ansón, eran algunos de Miguel Angel García Juezlos que participaban en sus conocidas tertulias matutinas.

Miguel Ángel García-Juez se ocupaba del programa de la tarde. También se convirtió en líder de audiencia sobrepasando a la todopoderosa Encarna Sánchez, que locutaba por aquellas fechas desde la cadena COPE. Destacaba por la media hora de radio divertida y desenfadada, de cuatro y media a cinco, con una tertulia en la que participaban Luis Carandell, Luis Ángel de la Viuda[3], Fernando Vizcaíno Casas, el propio Pumares, Gerardo Iglesias y Alfonso Ortuño (el dibujante oriolano que veraneaba en mi querida Torrevieja, y que tanto presumía de ello). El programa terminaba con una tertulia en la que intervenían, si no recuerdo mal, Ana Rosa Quintana y Rosa Villacastín comentando las revistas del corazón. Recuerdo que este programa lo disfruté mucho más tras el “Antenicidio”, ya que durante el curso escolar del 92/93 estudiaba COU y no tenía clase por las tardes; fue durante un año y medio, tiempo que el grupo Prisa consideró suficiente para apagar definitivamente la radio que me acompañó en mi infancia.

Por la noche podíamos sintonizar a José Luis Balbín y su programa de contenido político la “Hora Cero”. Consiguió también ser líder de audiencia por delante de “Hora 25” de la cadena SER, aunque yo tenga escaso recuerdo de él -sólo asocio a Balbín con la Clave y TVE unos años antes-. También participaban en esa cadena los geniales Juan Luis Cano y Guillermo Fesser, o sea Gomaespuma, y su magnífico programa los fines de semana, además de una cita diaria a eso de la ocho de la tarde. Con su gracia característica y estilo inimitable comentaban cariñosamente que, por ejemplo, intentaban recuperar la audiencia que durante la semana perdía Pumares, y finalizaban el programa confesándonos que habían estropeado el ordenador a Carlos, y que a ver cómo resolvía entonces las dudas de los oyentes. Mayra Gómez KempJesús Hermida, José Ramón Pardo, José Luis Garci, y un largo etcétera, fueron otras voces inolvidables de aquella radio maravillosa. Sin lugar a dudas los últimos años antes del “antenicidio” marcaron la época gloriosa de Antena 3 Radio.

Cuando se concedieron las licencias de las televisiones privadas a finales de los años ochenta, Antena 3 Radio todavía no había alcanzado a la Cadena SER, aunque ya se acercaba demasiado. Recuerdo que celebré por todo lo alto el fallo que otorgaba una de ellas al Conde de Godó y a su grupo, es decir, a García y compañía. Pero no tardé mucho en darme cuenta que, iluso de mí, no retransmitirían por televisión todo el deporte que supuestamente iban a realizar a imagen y semejanza de la radio, -algo que sí llegaría años después con las concesiones y dispensas mediáticas de los gobiernos de turno a sus afines-. El PSOE y don Jesús de Polanco, emperador del Grupo Prisa, lo tenían reservado para sí, para su “Imperio del Monopolio”, haciendo uso, una vez más, de una de las estrategias preferidas e inherentes de la izquierda en nuestra democracia: el necesario control de la educación y de los medios de comunicación para perpetuarse en el poder. De Rubalcaba y Maravall a José Luis Rodríguez Zapatero y Bibiana Aído, pasando todo por Cebrián, Polanco y su séquito.

Con menos de 14 años ya era un chico enfermizo por la radio y por todo lo que le rodeaba, y ya empezaba, aunque parezca mentira, a preocuparme por todos estos temas truculentos de guerra de medios y de sus batallas por el control de la opinión pública.

[1] Sintonía “Supergarcía en la Hora Cero” (“Love Song”, Simple Minds)

[2] Antena3, la radio bien hecha.

[3] A mediados de los ochenta Luis Ángel de la Viuda sumó 19 emisoras de Radio 80 a la cadena de emisoras de Antena3, integrándose como radio-fórmula. Durante una década aumentaron el número de emisoras del grupo hasta llegar a un total de 150. De ellas, 120 estaban destinadas a la programación convencional como Antena 3 Radio, 20 emitían música moderna como Radio 80  y las restantes como música española en Radiolé, que fue creada en 1991.

 

Mi radio, el liberalismo y yo (Introducción)

Introducción

Siempre era tarde, muy tarde. Todos dormían mientras yo me resistía a abandonar el paisaje nocturno que tenía enfrente. El Mediterráneo rompía abajo, casi a mis pies. El calor era insoportable salvo en aquel oasis en el que me encontraba. El cuarto piso me daba una perspectiva inmejorable, tanto a izquierda como a derecha, tanto a babor como a estribor, para disfrutar de otra noche sofocante de verano. Parecía que entre sorbos y caladas navegaba surcando un mar en calma desde el bauprés de proa de un viejo falucho. Con mi ordenador, una botella de whisky y un paquete de Marlboro, pasaba la noche junto a Inés y los niños que soñaban en las tumbonas de la terraza; ahí, aproximadamente en la aleta de estribor.

Era otra madrugada más de verano. Otra en la que me dedicaba a leer lo pendiente o a escuchar por los auriculares canciones antiguas y fragmentos de películas gracias al Youtube, Spotify y a otras plataformas de internet. Normalmente terminaba con “My rifle, my ponny and me[1] de Dean Martin y Ricky Nelson, la canción que aparecía en la película Río Bravo de Howard Hawks. Sigue siendo mi banda sonora preferida para el epílogo de las noches estivales en la Punta Carral de Torrevieja.

Cuando me decidí a escribir esta serie de entradas no tenía el título claro. Pensé ponerle el mismo con el que aparecieron dos entradas que le dediqué a la radio en mi bitácora “Murcialiberal” tras la marcha de Federico Jiménez Losantos y de César Vidal de la COPE en el año 2009: “La Radio y yo”. Pronto fui haciendo referencias a mi pertenencia al Instituto Juan de Mariana y a mi interés, cada vez mayor, por adentrarme en los entresijos del Liberalismo desde finales del siglo pasado. Comprobé que el título no iba a reflejar toda la realidad de ese posible libro. Y entre sorbo y sorbo pensé en la canción de la película de Hawks y en Dean Martin y Ricky Nelson. Me venía como anillo al dedo. Iban a ser unas páginas sobre mis vivencias alrededor de las ondas y sobre todo aquello que me había aportado mis interés por el mundo de la política y de las ideas.

Y es que, efectivamente, si hay dos mundos que me ha gustado escudriñar son: por un lado, el mundo que orbita alrededor de la radio, ya que siempre me ha gustado leer todo aquello que cayera en mis manos que explicara los entresijos que se producen entre las bambalinas de ese teatro maravilloso; y por otro, el liberalismo, la corriente de pensamiento filosófico y económico de la que llevo muchos años escribiendo en entradas cortas en mi blog para intentar comprenderlo en toda su dimensión, y en el que todavía sigo ahí, en el empeño, tantos años después. Antes o después tenía que poner negro sobre blanco de una forma más desarrollada mis enseñanzas y mis ideas, incluidas todas mis certezas y, cómo no, mis innumerables incertidumbres.

Quien busque en esta serie una tesis doctoral sobre la historia de la radio o un sesudo ensayo general sobre el liberalismo, le siento decepcionar. Son unas entradas subjetivas de mi radio, de mis escuchas y de mi concepción del liberalismo; de mis enseñanzas y de mis gustos en particular, mezclado todo, e incluso agitado, con unos pequeños apuntes biográficos.

Escribo de una parte en concreto de la radio que ha sido y es protagonista de la historia de España de las últimas décadas del siglo XX y las primeras del XXI. Es la radio que yo siempre he escuchado. Quién verdaderamente quiera saber qué ha ocurrido durante la democracia en España, no podrá obviar el protagonismo que han tenido Antonio Herrero, José María García, Luis Herrero, Federico Jiménez Losantos, Luis del Olmo, César Vidal, José Antonio Abellán o Carlos Herrera, y tantos otros, con sus respectivos equipos y con sus críticas demoledoras, con sus filias, sus fobias y sus relaciones íntimas –que de todo ha habido-, con el poder.

Tengo la esperanza de que a quién llegue la lectura de estas líneas sea de su mayor interés. Creo que no soy el único que ha disfrutado de incontables horas pegado a un transistor y disfrutado de ricas vivencias que han marcado una vida gracias a la radio. Y todo esto sin haberme puesto a penas delante de un micrófono, sin haber vivido nunca de ello.

Existen numerosas publicaciones y libros editados de locutores que han contado sus peripecias en los diferentes medios a los que han pertenecido. Pero son escasos los de algún oyente relatando lo que ha sentido gracias a ellos desde el otro lado: desde el coche a la almohada, pasando por los momentos “ociosos” en el trabajo, como es mi caso. Estas entradas (que intentaré actualizar con la asiduidad que el día a día me permita) me ha posibilitado ordenar todas aquellas experiencias y todas esas enseñanzas que tanto la radio como el liberalismo me han proporcionado.

[1] My Rifle, My Pony and Me – Dean Martin and Ricky Nelson: https://www.youtube.com/watch?v=v2ssbgThljU