Mi radio, mi liberalismo y yo (VI)

luis-herrero1

Luis Herrero

Empecé a escuchar a Luis Herrero con su programa nocturno de análisis político que comenzó con su llegada a la cadena COPE. De su etapa del telediario que presentaba en la incipiente Antena 3 TV tengo vagos recuerdos. Pienso que de todo lo que ha realizado el castellonense es lo que más éxito ha cosechado  y donde más a gusto se ha encontrado de toda su carrera profesional. Su estilo y su forma de hacer radio son muy particulares y originales, por lo que a veces es difícil de que llegue al gran público. Su prestigio se lo ha ido ganando muy lentamente, programa a programa. Como prueba evidente nada más hay que pasarse por las noches de EsRadio en estos momentos. Realiza unas tertulias dinámicas pero reflexivas, divertidas pero sin caer en la irreverencia, unas tertulias en las que sin quitarle protagonismo a los diferentes tertulianos que por allí pasan las hace muy personales y periodísticas. Pero ante todo su capacidad para diseccionar las noticias y cultivar el género de la entrevista como nadie.

Luis Herrero nació en Castellón en octubre de 1955. Licenciado en Periodismo por la Universidad de Navarra, comenzó a trabajar en 1976 como auxiliar de redacción en el diario Arriba. Fue director del periódico Mediterráneo de Castellón entre noviembre de 1980 y noviembre de 1981 y a continuación volvió a Madrid, donde colaboró en la Hoja del Lunes y en la revista Tiempo. En mayo de 1982 se incorporó a Antena3 Radio como redactor jefe. Allí fue subdirector de informativos hasta 1984 y dirigió “El Primero de la mañana” seis meses escasos antes de que recalara en manos de Antonio Herrero. Después comenzó a trabajar en la revista Época, en la que fue redactor jefe durante dos años. En 1986 volvió a Antena 3 Radio en calidad de cronista político. En enero de 1990 debutó como presentador de Antena 3 Televisión, primero del informativo de las 14:30 horas y posteriormente del de las 20:30. Desde septiembre de 1992 presentó y moderó en la COPE el informativo de La Linterna, como ya he relatado. En mayo de 1998, tras la muerte de Antonio Herrero, dirigió el programa “La Mañana” prácticamente contra su voluntad, ya que nunca se amoldó ni al horario ni a la forma de hacer radio que esas horas necesita, hasta que en el 2003 anunció que dejaba el programa y la primera línea informativa radiofónica tras once años al frente de ella para irse a la política. Se presentó como independiente por las listas del PP al Parlamento Europeo en junio de 2004. Cinco años le duró la aventura europea. Tras los servicios prestados, como ya se sabe, una simple patada en la frente o en el frente, por su consabida independencia, que nunca le fue perdonada por los políticos profesionales del partido al que representaba. De su paso por la política en el Parlamente Europeo destaca su precipitada expulsión de Venezuela tras unas declaraciones en televisión en las jornadas previas al referéndum convocado por el gobierno de Hugo Chávez en febrero de 2.009.

A mí, que se marchara a Estrasburgo ni me decepcionó ni todo lo contrario, -no como a José María García que echó pestes por su boca contra Luis por marcharse a la Unión Europea bajo el paraguas del PP-. Fue su decisión personal. A mí me alivió casi como a él, ya que sus seguidores más acérrimos sabíamos que desde hacía tiempo no lo estaba pasando bien. Había entrado en el consejo de administración de COPE y con la marcha de García a Onda Cero y la llegada de José Antonio Abellán a las noches deportivas no consiguió hacerse con el liderazgo de los profesionales que por allí trabajaban. Además esa posición intermedia entre la propiedad y el día a día le proporcionaba una situación difícil hasta con el propio Federico Jiménez Losantos por diferentes desavenencias puntuales que les produjo a ambos hasta un cierto distanciamiento.

Luis Herrero es hijo de Fernando Herrero-Tejedor, ministro de Franco y previamente gobernador de Ávila. Pertenece a una familia numerosa de seis hermanos, entre ellos Fernando Herrero-Tejedor, jurista, Fiscal de Sala de lo Militar del Tribunal Supremo. Fue en Ávila cuando coincidió con Adolfo Suárez que era el secretario de su padre. La admiración de Luis Herrero por el presidente del gobierno llega a tal que lo llega a considerar como a su segundo padre. Nos los explica de una manera detallada en su “Los que le llamábamos Adolfo”, un bestseller de la editorial La Esfera de los Libros.

Nacido Luis Francisco Herrero Algar, cambió su apellido a Herrero-Tejedor en 1975. Casado en segundas nupcias, es padre de cinco hijos de su primer matrimonio. Le pidió a José María Aznar el favor de que le incluyera en las listas a las elecciones europeas de 2003. Éste se lo concedió, porque favor por favor se paga. Luis Herrero le prestó innumerables servicios durante sus dos legislaturas de gobierno aunque estos no le fueran nunca recompensados. El pariente pobre y tal. La obsesión de Aznar fue siempre montar un grupo mediático a imagen y semejanza del Grupo Prisa. Luis Herrero llegó a estar en casi todas las salsas del proceso, aunque luego no entrara en el guiso. Uno de los más significativos fue el “Timo del ABC”, tal y como lo describió Federico en su libro “De la Noche a la mañana”: la amistad de Luis y Nemesio Fernández Cuesta, su mediación para que entrara en el accionariado de COPE, el cambio de Federico al ABC desde El Mundo y su vuelta a El Mundo. José María García sí que cayó en la trampa y se marchó a la cadena de emisoras de Onda Cero, lo que le supuso su posterior tumba radiofónica. Aguantó unos años hasta que un cáncer le alejó de los micrófonos. Sin duda, y dejando a un lado su enfermedad, su particular cuesta abajo comenzó cuando decidió abandonar a los que le habían acompañado desde Antena 3 Radio.

Por otro lado había escuchado en ocasiones a José Antonio Abellán desde que aterrizó en Onda Cero proveniente de los 40 principales. Lo tenía de referente por las mañanas en Cadena 100, la cadena musical de la COPE, cuando el programa de Luis Herrero se ponía pastoso o cuando me quería desintoxicar de lo político. Me alegró que se hiciese cargo del programa de deportes nocturno a la marcha de García. Fui un fan acérrimo de “El Tirachinas”, -nombre con el que bautizó el nuevo programa- y de sus habituales secciones, incluida la del Grupo Risa –Fernando Echevarría, David Miner y Óscar Blanco “Whopper”– con sus geniales imitaciones. Le seguí tras ser defenestrado por la Cadena COPE en ABC Punto Radio hasta que la cerraron definitivamente y en la actualidad me dejo caer en algunas ocasiones en su nueva emisora de radio digital que ha creado, Radio4G.

Luis Herrero CowboysPero volviendo a Luis Herrero tengo que decir que no se desvinculó totalmente de la radio, pues comenzó un programa de cine (o un “programa de lo que surja”) los viernes por la noche junto a José Luis Garci y Eduardo Torres Dulce: “Cowboys de Medianoche”. Para mi gusto creo que es uno de los mejores programas de radio que he escuchado siempre. Tres amigos que ante un micrófono se disponen a hablar de lo humano y lo divino con el cine como un mero pretexto. Yo siempre había defendido -incluso creo recordar que se lo comenté personalmente en algún chat- que Luis era mejor comunicador para las noches que para las mañanas. Los programas nocturnos son más reflexivos que los diurnos. Allí la información se supone ya conocida y lo que más interesa es el debate y el análisis de la misma. Como ya he comentado antes, para eso Luis Herrero es un maestro. Si hiciéramos un símil futbolístico, el de Castellón estaría jugando siempre en el centro del campo repartiendo juego y Federico Jiménez-Losantos sería la auténtica estrella que marca los goles. Un genial chupón radiofónico, con perdón.

Tras la huida de Luis Herrero continué por las mañanas escuchando a Federico, por la tardes me pasaba a Carlos Herrera en Onda Cero y por la noches volvía con César Vidal. Más tarde pasaron a Herrera por la mañana y empecé como muchos a simultanear la Cope con Onda Cero: casi todos los días Federico hasta las 10 y de las 10 en adelante con Carlos. Por las noches me pasó lo mismo e iba “zapeando” entre Carlos Alsina y César. Ya no tenía una cadena de emisoras única de referencia, aunque la Cope fuera la auténtica columna vertebral de mis escuchas.

El paso de Federico Jiménez Losantos a La Linterna, tras la muerte de Antonio Herrero, me proporcionó algo que hasta ese momento nadie me había provocado: el interés por saber. Con él descubrí que tras la defensa de unas siglas políticas o de unos grupos mediáticos en particular había algo más que la empatía que pudieras tener, o la manía que pudieras profesar, a alguno de ellos por algún acto en particular. Existían diferentes principios, distintas ideas, valores contrapuestos, que para alguien como yo, que nunca me había interesado ni por la filosofía, ni por la politología, ni por casi nada que terminara en “-ía”, me eran hasta ese momento desconocidas. De ahí que me empezara a surgir un interés especial por recuperar el tiempo perdido y comenzara a leer todo lo que cayera en mis manos sobre todos esos temas.

Mi radio, mi liberalismo y yo (IV)

La COPE y yo

Inés me preparó unos días en Madrid un año después de nuestra boda como si de una confirmación de alternativa matrimonial se tratara. La visita a la COPE fue una de sus sorpresas. Fue el 28 de octubre de 2002. Llevábamos un par de años aproximadamente chateando casi todas las tardes con Luis Herrero, su equipo y un grupo reducido de oyentes de toda España (todavía mantenemos el contacto con algunos, sobre todo con la madrina de todos nosotros, nuestra querida Isabel Alvarez de Asturias). Nos contábamos nuestras penas y criticábamos con dureza el programa de la mañana. Por aquella época todavía no existía ni Twitter ni Facebook ni otras redes sociales con las que interactuar con los equipos de los programas radiofónicos tal y como existen en la actualidad. A Luis le encantaba que le sacudiéramos y a veces entraba al trapo. Se conectaba algunas tardes y siempre nos proponía que le lanzáramos ideas, aunque luego no nos hiciera ni el más puñetero caso. En el verano del 2001, ese mismo grupúsculo de oyentes y parte del equipo quedaron para una comida en Madrid a la que no pudimos asistir. Le comentamos entonces al equipo de Luis Herrero y a María José Navarro, subdirectora del programa, que a lo mejor un día nos acercaríamos por la emisora. Nos retaron para que así fuera y un año y medio después, Inés y yo nos presentamos en la COPE para asistir al programa de La Mañana.

Ines, Manolo y Luis Herrero0001

 

Fue un lunes y a eso de las ocho, con el desayuno en la boca, estábamos allí sentados en la pecera, en unas butacas destartaladas de oficina que gentilmente nos facilitó Moneypenny, Mónica Eguillor, la eterna secretaria, primero de Antonio Herrero, luego de Luis y por último de Federico Jiménez-Losantos. Nos situaron junto a la eficaz Maite Toribio, técnico del programa que se desenvolvía como pez en la misma. Al finalizar la tertulia, sobre las 10 de la mañana, estuvimos charlando con Federico un buen rato y más tarde con Luis Herrero y María José Navarro. Federico estuvo muy cercano y simpático con nosotros. Le comentamos que, efectivamente, era un viaje con motivo de nuestro primer aniversario y nos contó sus casi tres décadas de feliz matrimonio deseándonos toda la suerte del mundo y dándonos su bendición. Él, ateo confeso. Matías Antolín, por aquel entonces defensor del oyente de Luis Herrero -cobraría poquísimo seguro, para la cantidad de trabajo que tendría-, iba y venía recogiendo impresiones de los oyentes. Cada vez que pasaba por nuestro lado, se disculpaba con nosotros por no poder atendernos como él creía que nos merecíamos. También nos comentó que le era imposible invitarnos a comer como era su intención pues le había salido un compromiso ineludible. Excusas de mal pagador, vamos. Pero no nos importó mucho. Nos sentíamos como en casa, colmados de atenciones por las redactoras, colaboradores y por la productora del programa, la simpática Nieves López Gamonal. Entraban y salían, traían teletipos, entregaban a Maite Toribio la música que iba a sonar en la siguiente sección, se volvían a saludar y así toda la mañana. En uno de aquellos vaivenes también entró un tímido Jorge Alcalde, a quien no conocía físicamente, y que se encargaba de las noticias de ciencia. Actualmente es el director de la revista de divulgación científica Quo. Nos saludó muy educadamente aunque no entablamos conversación alguna. Lo haríamos años más tarde en nuestra visita a Libertaddigital. También apareció Sancho Gracia, quien fue protagonista ese día de las fantásticas entrevistas que Luis Herrero nos suele regalar. María José Navarro nos acompañó hasta la puerta despidiéndonos muy afectuosamente mientras recordaba con añoranza su etapa profesional en Murcia.

manolo y jose en la copeRealmente era mi segunda visita a la emisora central de COPE en Madrid. Unos años antes acompañé a mi amigo, a mi hermano de hecho José Francisco Bayona, al programa taurino de Pedro Javier Cáceres, que se realizaba en el famoso estudio Encarna Sánchez. Nos hospedamos en la casa de mi tíos, que junto a sus dos hijos, mi queridísimos primos Santi y Merce, siempre me han acogido en Madrid cada vez que los he necesitado. Con Jose viví mi primer acercamiento a los micrófonos -bueno, a una emisora de radio-, pues le acompañaba los sábados en su programa regional de toros como productor del mismo entre los años 1996 y 1997 en la emisora de Murcia. Allí tuve la oportunidad de cruzarme con algunos profesionales que trabajaban en la delegación, como a Pedro González, tan simpático y atento siempre; Javier Herraiz, Tati García, Vicente Luis Cánovas o Carmen González, comandados por Oché Cortés, director de la emisora. Aún conservo como una reliquia en la cartera el carnet de redactor taurino que me hicieron: el anagrama de “Radio Popular” todavía aparecía impreso en la parte superior derecha. Precioso. Rondaba por aquel entonces los veinte maravillosos años.

Carnet COPE0001Durante esa época también llegué a publicar una crónica de una corrida de toros en el periódico La Opinión de Murcia y su posterior reseña radiofónica en el programa El Albero de la cadena Cope. Toda una aventura. Fue con la presentación en Murcia como novillero de Cristina Sánchez. José Francisco tenía que cubrir una corrida de toros en Lorca  y  me pidió que la novillada la hiciera yo. Fui a la plaza de toros de Murcia un tanto a ciegas pero gracias a la amabilísima ayuda que me prestó Miguel Massotti, uno de los principales locutores de Onda Regional de Murcia,  me ubiqué en el burladero de prensa que me correspondía. Tras las notas de rigor me dirigí al periódico que por aquel entonces estaba en la plaza Condestable de Murcia. Por fin conocía por dentro una redacción de periódico, aunque fuera por una noche. Justo en frente de mí estaba Ángel Montiel que aporreaba el teclado al escribir su crónica política del día siguiente con su habitual y reconocida maestría. Desde la misma redacción del periódico, realicé también la crónica para la edición del El Albero de Pedro Javier Cáceres a nivel nacional. Yo casi ni miraba más allá de la pantalla del ordenador. Escribí como pude la crónica en el espacio que me reservaron y me fui como había llegado, desbordado por donde me encontraba y por el momento que acababa de vivir. En fin, al menos durante un día me sentí como un auténtico periodista.

 

 

 

Mi radio, mi liberalismo y yo (III)

Antonio Herrero

Antonio Herrero falleció mientras practicaba submarinismo en Marbella el 2 de mayo de 1998. Sufrió un colapso en una inmersión debido a una úlcera estomacal que padeció durante los últimos meses de su vida. Era sábado y me enteré por la tarde gracias al Teletexto (sic transit gloria mundi). Realizábamos un sano ejercicio de cata de bebidas espirituosas en la casa del hermano de mi amigo Juan Sáncheantonio herrero 2z Piqueras, algunos de los de siempre, los hermanos, los compañeros de colegio que hemos ido juntos toda la vida y los que han ido llegando después, los “Basurillas”: el propio Juan, Diego Susarte, Román Gil, José Francisco Bayona y Pedro Bayona, Luis López Nuñez, Joaquín López LucasJuan Carlos Martínez, Jorge Noguera y Juan Antonio Risueño. En un momento dado y por casualidad, cuando buscábamos los resultados de la jornada futbolística en el descanso del partido que estábamos viendo, leímos la triste noticia. El fútbol desde aquel momento pasó a un segundo plano. Mis amigos me comprendieron enseguida y me dejaron disponer del mando a distancia porque conocían mi obsesión enfermiza por el mundo de la radio y más concretamente por mi especial admiración por Antonio Herrero. Las diferentes televisiones comenzaron a hacerse eco de la noticia y yo no pude articular palabra durante un buen rato. Fue un palo duro, como para tantos españoles que seguíamos al “Primero de la mañana[9] . Me fui a casa y ya no dejé de ver y leer todo lo que iban publicando sobre la noticia de la muerte del periodista. Aún recuerdo con nostalgia el programa dirigido por Luis Herrero, y co-presentado con García, que le realizaron el lunes siguiente de su fallecimiento. Le brindaron un sentimental homenaje a su figura, con la presencia de la mayoría de los tertulianos que le habían acompañado a lo largo de su trayectoria profesional y de diversos artistas amigos del difunto entre los que se encontraban el dúo Ella Baila Sola -se sabía de la especial predilección que el locutor les profesaba, sobre todo a la morena- y el grupo Siempre Así.

Años más tarde, leyendo el libro “De la noche a la mañana [10] de Federico Jiménez-Losantos, me fui enterando de muchas otras cosas muy interesantes referentes a las horas previas a la muerte del periodista madrileño (aunque marbellí de adopción) y la situación política-mediática por la que atravesaba España. Por ejemplo, que José María Aznar había invitado a cenar en el Palacio de la Moncloa al propio Losantos y a Luis Herrero la noche anterior del deceso para transmitirles el malestar con Antonio Herrero y el deseo de que estos le traicionaran. Gesto al que se negaron rotundamente, como no podía ser de otra manera.

Pedro J. Ramírez en su libro “El Desquite” escribió [11]:

“Antonio no sólo había sido mi gran amigo y cómplice profesional, sino el compañero que había entendido el ejercicio del periodismo como opción vital de forma más parecida a la mía. El comunicador independiente dispuesto a no casarse nunca con nadie. El vitalista interesado por todo y ansioso siempre de nuevas experiencias. El curioso incansable en pos de la noticia, a poder ser en exclusiva […] Era una muerte absurda, incomprensible e inasumible. Y, para nosotros, una merma que nada ni nadie podría compensar. Sin el fiero apoyo de Antonio no sé cómo hubiéramos podido combatir en las ondas la bilis macerada en ácido sulfúrico con la que la Cadena SER había intentado ampliar en lo posible el daño contra mi reputación y dignidad en los meses álgidos del montaje del vídeo. En adelante todo iba a ser más difícil porque la próxima batalla, fuera cual fuera, la tendríamos que dar aún más en solitario.”

sulibroantonioherreroAntonio Herrero nació en Madrid el 5 de febrero de 1955. Era hijo de Antonio Herrero Losada, también periodista, católico y liberal, que perteneció al Consejo de Don Juan de Borbón y fue el artífice y director de la agencia de noticias Europa Press. En el bachillerato conoció a Luis Herrero, su gran amigo, con el que compartió piso y estudios de Periodismo en la Universidad de Navarra. Su carrera en la radio empezó en Antena3, de la mano de Luis, que fue quién se lo recomendó a Manuel Martín Ferrand. Cuenta Luis Herrero en su libro “En vida de Antonio Herrero” [12], que al principio tuvieron sus dudas ya que durante la carrera habían suspendido varias veces la asignatura de radio:

“Antonio Herrero llegó a Antena3 de mi mano. Una mañana tibia de principios de 1982, pocos días después de que yo hubiera estrechado la de Martin Ferrand para sellar el acuerdo de mi contrato, me lo llevé a La Ponderosa, un bar que está a la orilla de la Carretera de la Playa, casi a la altura del último desvío a Mirasierra pasada la Ciudad de los Periodistas, y le animé a que se viniera conmigo a la radio. Del bar recuerdo poca cosa, porque nunca antes habíamos estado allí y nunca estuvimos después; tampoco de la consumición, aunque ni él ni yo bebíamos alcohol y lo más probable es que acabáramos dando buena cuenta de un gran vaso de Coca-Cola. En cuanto a la conversación, duró lo justo.

-Está bien –me dijo-. Dales mi nombre a ver qué pasa. Puede ser una aventura bonita.

-Claro que de radio- maticé- no tenemos ni idea ni tu ni yo. Igual hacemos el ridículo. […]

-La radio es lo de menos- me respondió Antonio aún en la barra de La Ponderosa-. Lo que importa es el periodismo” .

Antonio Herrero empezó haciendo información municipal y del mundo del motor, pero enseguida se hizo con los mandos de “El Primero de la Mañana” tras un paso fugaz de seis meses de Luis Herrero, que no consiguió el éxito que su querido amigo consiguió después. Antonio lo llevó a los máximos índices de audiencia con su peculiar estilo directo, sin ambages, sin limitarse a dar las noticias, sino que, además, las comentaba y las vivía una a una. Consiguió los máximos índices de audiencia tanto en Antena 3 Radio como en la COPE. Fue objetivo de ETA, perseguido por los socialistas y despreciado por los populares en sus últimos años, porque no se callaba ante nada ni ante nadie; y ellos, los “malos”, o sea el poder, sabían que silenciar su voz era fundamental para que muchas de sus tropelías pasaran prácticamente desapercibidas. “Su fórmula no era escandalosa sino energética”, escribió Jiménez Losantos [13] . Y es que efectivamente denunció diariamente los casos de Rumasa, Filesa, Malesa, los apaños de los Guerra, el AVE, Ibercorp, el BOE, la Cruz Roja, Roldán, Urralburu, Valverde, la RENFE, el GAL, el CESID, los mil y un episodios de la corrupción socialista, como también los inicios dubitativos en materia de denuncia de la corrupción de un Aznar que por aquellas fechas no quería hacer leña de un PSOE caído. Y todo esto con su peculiar y admirado estilo. Como escribió Federico Jiménez Losantos en el libro homenaje que le hizo Matías Antolín a su memoria:

“No pertenecía a la meliflua escuela anglosajona que modela la opinión manipulando sutilmente la información. Antonio era incapaz de censurar ninguna noticia pero quería poder explicarlas y comentarlas todas. Además de la suya, creó espacios de opinión para todas las horas y una tertulia de nueve a diez donde recogió a lo más inconformista de todos los medios escritos. Todos censuraron acremente su estilo y su forma insólita de hacer radio. Todos terminaron imitándole.” [14]

Tras su muerte Luis Herrero se negaba en rotundo asumir la dirección de La Mañana y sustituir a su amigo. Sabía que era incompatible, tanto con el horario como en su forma de hacer radio, radicalmente opuesta a la de su compañero de toda la vida. En un principio los profesionales que estaban a las órdenes de Antonio Herrero querían que fuera él y que por la noche se encargara de La Linterna, José Luis Balbín, como en la extinta Antena3 Radio. Todos pensaban que si se lo daban medio hecho a don Bernardo Herráez, el cura que dirigía la cadena COPE, sería mucho más fácil y no les impondría nadie “extraño”. Al final Luis Herrero accedió y asumió la mañana, mientras que Federico Jiménez Losantos hizo lo propio con “La Linterna”, el programa nocturno de la cadena.

 

[9] Despedida del último programa de Antonio Herrero en COPE: http://especiales.libertaddigital.com/antonio-herrero/despedida_antonio.mp3

[10] «De la noche a la mañana», de Federico Jiménez Losantos (Ed. La Esfera de los Libros)

[11] “El Desquite”, Pedro J. Ramírez Ed.La Esfera de los libros pág 378-379

[12] “En vida de Antonio Herrero”, Luis Herrero. Año 2008, pág. 155

[13] “Antonio Herrero”, Federico Jiménez Losantos. La ilustración liberal. Nº3 http://www.ilustracionliberal.com/3/antonio-herrero-federico-jimenez-losantos.html

[14] “Antonio Herrero. A micrófono cerrado” Matías Antolín. Año 2004. Editorial Libros Libres. Págs 62-63

La Radio y yo (y II)

Luis Herrero anunció en el 2003 que dejaba La Mañana para irse a la política tras cinco años al frente de ella. Se presentó como independiente por las listas del PP al Parlamento Europeo. Cinco años le ha durado la cosa. Tras los servicios prestados, como ya se sabe, una simple patada en el frente. A mí ni me decepcionó ni todo lo contrario, fue su decisión personal e incluso me alivió, pues su seguidores acérrimos sabíamos que desde hacía tiempo no lo estaba pasando bien. Además no se desvinculó totalmente de la radio pues comenzó un programa de cine y algo más los viernes por la noche junto a José Luis Garci y Eduardo Torres Dulce. Yo siempre había defendido (incluso creo recordar que se lo comenté en algún chat) que Luis era mejor comunicador para la noche que para la mañana. Los programas nocturnos son más reflexivos que los diurnos. Allí la información se supone ya conocida y lo que más interesa es el debate y el análisis de la misma. Y para eso Luis Herrero es un maestro. Si hiciéramos un símil futbolístico, el de Castellón estaría jugando siempre en el centro del campo repartiendo juego y Federico Jiménez Losantos sería el auténtico chupón estrella que marca los goles.

No obstante, el paso de Federico Jiménez Losantos por la Linterna me proporcionó algo que hasta ese momento nadie me había provocado: el interés por saber. Con él descubrí que tras la defensa de unas siglas políticas o de unos grupos mediáticos en particular había algo más que la empatía que pudieras tener o la manía que le pudieras haber cogido a alguno de ellos por algún acto en particular. Existían diferentes principios, distintas ideas, valores contrapuestos, que para alguien como yo, que nunca me había interesado ni por la filosofía, ni por la politología, ni por casi nada que terminara en ía, eran hasta ese momento desconocidas para mí. De ahí que me empezara a surgir un interés especial por recuperar el tiempo perdido y comenzara a leer todo lo que cayera en mis manos sobre todos esos temas. Libertaddigital comenzó su andadura en marzo de 2000. Fue una herramienta muy útil para mi nueva afición que no pasaba ya en exclusiva por escuchar la radio, sino, como ya he escrito, por aprender todo aquello que desconocía en relación a las ciencias sociales. El periódico al principio no tenía el éxito que ha cosechado durante estos últimos años. Por ejemplo, los chats en los que participaba Federico Jiménez Losantos los miércoles por la tarde comenzaron con escasos 20 o 30 participantes de media; me acuerdo que por esas fechas, cuando alguna semana llegaban al pico de medio centenar me alegraba como si ya tuviera acciones de la empresa. Luego fue creciendo hasta convertirse en el periódico exclusivamente online más seguido en español. Antes de todo esto yo ya estaba suscrito a La Ilustración Liberal, revista trimestral que me ayudó a mejorar mis conocimientos sobre el Liberalismo y sus diferentes corrientes.

Pero, bueno, como se supone que este post está dedicado a la radio, voy a ceñirme estrictamente al tema. Tras la huida de Luis Herrero continué por las mañanas escuchando a Federico, por la tardes me pasaba a Carlos Herrera en Onda Cero y por la noches volvía con César Vidal. Más tarde pasaron a Herrera por la mañana y empecé como muchos a simultanear la Cope con Onda Cero: casi todos los días Federico hasta las 10 y de las 10 en adelante con Carlos. Por la noches me pasó lo mismo e iba zapeando entre Carlos Alsina y César Vidal. Ya no tenía una cadena de emisoras única de referencia, aunque la Cope fuera la auténtica columna vertebral de mis escuchas.

No quiero hacer esto mucho más cansino de lo que ha quedado contando mis desventuras radiofónicas. Como dije al principio del anterior post, la intención no era otra que la de hacer un simple homenaje a la radio que me ha estado acompañando durante estos últimos años. Sé que me dejo muchas cosas en el tintero. Pero esto sería eterno. Me dejo mi relación amor odio con García en sus últimos días por la Cope, la sorpresa que me llevé con Abellán al tomar su testigo con los deportes de la casa tras seguirlo durante tanto tiempo en “La Jungla” de Cadena 100, el programa de “Al sur de la semana” de Rafa Sánchez, “El Albero” de Pedro Javier Cáceres, “Estamos en el Aire” de Oché Cortés durante los regresos desde Torrevieja los fines de semana de verano y otros programas de otras emisoras como “La Rosa de los Vientos” de Juan Antonio Cebrian. El futuro ya se escribirá. En un principio me iré con Federico, César y Luis Herrero a Esradio. Pero no quiero adelantar los acontecimientos. A lo mejor, quién sabe, aparece dentro de no mucho un capítulo nuevo de la Radio y yo.

La Radio y yo (I)

Hoy me voy a extender más de lo que recomienda cualquier manual de estilo de una bitácora. Lo hago porque hoy es uno de esos días históricos en los que se acaba una etapa de radio y porque me apetece hacerle un homenaje a la emisora que durante tanto tiempo me ha acompañado. De todas formas lo voy a dividir en dos partes: esta primera que ya la tenía escrita desde hace tiempo y la segunda que la intentaré escribir y colgar durante la semana que viene. Aunque fue algo que hice para consumo propio, creo que hoy es el día para compartirlo con vosotros. Hay gente que no vivimos de la radio, ni somos profesionales de ella, pero la sentimos como algo propio.

La radio y yo

“Se acercaban los exámenes finales de Junio. El calor ya empezaba a ser insoportable como no puede ser de otra manera en Murcia por esas fechas (me río yo del cambio climático). La madrugada era el mejor momento para acercarse a los apuntes y a los libros, no solo por la compañía de la soledad de la noche, sino porque era el mejor momento para escuchar la radio. Un mes después la voz de Jose María García sonó con un tono diferente: abandonaba Antena3 Radio. Todavía recuerdo el discurso de García pidiendo perdón a sus oyentes por abandonarlos justo antes de la Olimpiadas de Barcelona 92: “doy la espantada en uno de los acontecimientos profesionales más importantes de mi carrera”, o algo así.

El deporte era el centro de mi vida desde bien pequeño y Antena3 era, sin lugar a dudas, la cadena de radio que mejor se acercaba a la información que necesitaba para poder hablar con propiedad en los recreos del colegio: algo fundamental para quien quisiera ser algo en la vida por esas fechas. Recuerdo que celebré por todo lo alto la concesión de las televisiones que hizo el gobierno de Felipe González. Una de ellas fue para el Conde de Godó, es decir, a García y compañía. La desilusión iba apareciendo conforme comprobaba, iluso de mí, que no retransmitían por televisión todo el deporte que supuestamente iban a realizar a imagen y semejanza de la radio, algo que llegaría años más tarde con las concesiones y dispensas mediáticas de los gobiernos de turno. El PSOE y Don Jesús del Gran Poder lo tenían reservado para sí, para su Imperio del Monopolio, haciendo uso, una vez más, de una de las estrategia preferidas e inherentes de la izquierda: el necesario control de la educación y de los medios de comunicación para perpetuarse en el poder. Las concesiones se realizaron por el 89, por lo que con menos de 14 años ya era un chico enfermizo por la radio y por todo lo que le rodeaba.

Era la época fuerte de Antena3. Todavía no había alcanzado a la Cadena SER, pero ya se le acercaba demasiado. Además de García, la cadena de emisoras, contaba con Pumares y su “Polvo de Estrellas” en la madrugada -cuando Pumares era Pumares, claro-; con Antonio Herrero empezando a dar caña a las 6 de la mañana; con Miguel Angel García-Juez por las tardes y su media hora de radio brillante, de cuatro y media a cinco, con una tertulia en la que participaban, entre otros: Luis Carandell, Luis Angel Delaviuda, el propio Pumares y Ortuño (el dibujante oriolano que veranea o veraneaba en Torrevieja). Luis Herrero, Jose Luis Balbín, Martín Ferrand, Federico Jiménez Losantos, Julian Lago, y muchos otros, tenían también su hueco e hicieron de esa radio la mas grande que jamás he escuchado.

Pero llegó el 92, el año del Quinto Centenario, las Olimpiadas de Barcelona, la Expo de Sevilla, los momentos álgidos de la corrupción del PSOE y, para mi desgracia, la desintegración de la radio que me acompañaba en cada momento. Fue durante el mes de julio de ese año. El PRISOE no pudo aguantar que una cadena de radio relativamente joven, que tan solo emitía en frecuencia modulada, sobrepasara en oyentes a la “todopoderosa” SER. Veían que todo el negocio de corrupción y de terrorismo de estado se les estaba viniendo abajo por unos descarados que se empeñaban en desmontarles el chiringuito. A golpe de talonario se hicieron con la cadena, lo que provocó, por coherencia, la salida inmediata de los mejores profesionales independientes de la casa: Antonio y Luis Herrero, García y la casi totalidad de sus correspondientes equipos. A mi me pilló con 17 años, justo cuando vestía la camiseta de Antena3 como si viviera de ella, por lo que a partir de ahí he tenido un enemigo que me ha acompañado toda mi vida: Jesús de Polanco y todo lo que lleve su sello. Desde el PSOE a Santillana, desde El País a Canal Plus, la Ser, Alfaguara, Cinco Días, etcétera. Juré venganza. Tenía que aportar mi grano de arena para intentar el derribo de su abuso de poder y, ejerciendo mi libertad, aconsejé a quien me rodeaba el veto, en la medida de sus posibilidades, de todo lo que llevara el nombre de Prisa impreso. Ya se sabe como se toma uno éstas cosas con esa edad. La mayoría de los profesionales de Antena3 Radio, tras intensas negociaciones, aterrizaron en la COPE. Carlos Herrera, todavía desconocido para mí por aquellas fechas, pasó a realizar el programa de 10 a 12 tras Antonio Herrero, Encarna siguió por la tarde, Luis Herrero por la noche con Federico Jiménez Losantos haciéndole el resumen de prensa en La Linterna y García al empezar la madrugada, según creo recordar.

Mis amigos contaban con los ídolos propios de la edad: cantantes, futbolistas, ciclistas, etc. Los míos los escuchaba cada día por cualquier aparato que recogieran las ondas. Poco a poco me convertí, mas que en un radioescucha normal, en un fan de diferentes locutores de radio.

Y llegó la muerte de Antonio Herrero un 2 de Mayo de 1998. Fue en sábado y me enteré por la tarde. Realizábamos un sano ejercicio de cata de bebidas espirituosas en la casa de mi amigo Juan: un fenómeno. En la televisión, antes del partido de fútbol de turno, dieron la noticia y no pude articular palabra durante un buen rato. Fue un palo duro, como para tantos españoles que seguíamos al “Primero de la mañana”. Los últimos años, a pesar de seguir con mi tendencia hacia la información deportiva, habían sido los de la confirmación de mi interés por la información política, motivado, como ya he indicado y entre otras cosas, por el Antenicidio de “Darth Wader” Polanco.

Antonio Herrero se había convertido en mi figura mediática preferida, casi ya con más importancia que José María García. Aún recuerdo el programa dirigido por Luis Herrero que le brindó un sentimental homenaje a su figura.

Luis Herrero a las mañanas radiofónicas

Un año después de nuestra boda y en un gesto, como tantos, que le honran a Inés, me preparó unos días en Madrid, como si de una confirmación de alternativa matrimonial se tratara. La visita a la COPE fue uno de sus regalos. Fue el 28 de octubre del 2002. Llevábamos un par de años o menos chateando con Luis Herrero, su equipo y un grupo reducido de oyentes que casi todas las tardes nos contábamos nuestras penas. En el verano del 2001 hicieron una comida a la que no pudimos asistir, así que decidimos que un día nos acercaríamos por la emisora en Madrid. Así pues, Inés y yo asistimos al programa de La Mañana un lunes de octubre sentados en la pecera en unas butacas que gentilmente nos facilitó Moneypenny, la eterna secretaria, primero de Antonio Herrero, luego de Luis y ahora de Federico Jiménez-Losantos. Nos situaron junto a la eficaz Maite Toribio, la técnico del programa que se desenvolvía como pez en la misma. Al finalizar la tertulia de las 10 estuvimos charlando con Federico un buen rato y más tarde con Luis Herrero y María José Navarro. Un día que, tras lo vivido, nunca olvidaremos.

Realmente era mi segunda visita a la emisora en Madrid. Unos años antes acompañé a Bayona al programa de Pedro Javier Cáceres que se realizaba en el famoso estudio Encarna Sánchez de la Cope en Madrid. Con José viví mi primer acercamiento a los micrófonos, pues le acompañaba los sábados en su programa regional de toros como productor del mismo durante 1995 y 1996 en la emisora de la COPE en Murcia. Incluso llegué a publicar una crónica de una corrida de toros en La Opinión y su posterior reseña en el programa El Albero de la cadena Cope. Toda una aventura para mí. Fue con la presentación en Murcia como novillero de Cristina Sánchez, y siempre cuento como anécdota que apareció la misma sin una coma, por desidia, por supuesto, de quién leyó el artículo y autorizó su publicación. Por fin conocía por dentro una redacción de periódico, aunque fuera por una noche. Aún conservo como una reliquia en la cartera el carnet de redactor taurino que me hicieron: el anagrama de “Radio Popular” aparecía impreso en la parte superior derecha. Precioso. Tenía por aquel entonces 20 añazos.

Losantos y el Rey

Ya no se puede pedir la abdicación del Rey. Yo ya me la jugué hace un par de años, pero claro, no es lo mismo. No entienden, los que piden actuaciones judiciales contra Losantos y contra quién lo cobija, que la propiedad de una cadena de radio (los obispos en este caso, como todo el mundo sabe) deje a sus profesionales que expresen con libertad las ideas que le son propias. Y no lo entienden porque siempre se han visto forzados a opinar conforme a los intereses de quién le paga, no sabiendo realmente el significado de la palabra libertad porque nunca la han ejercido. No cejan en la presión, pues no hay cosa que más deseen que tapar la boca de una persona independiente. La libertad de expresión está más amenazada que nunca.

Para ellos es intolerable que alguien pida al Rey que confíe en el Príncipe los designios de España, porque para ellos es un ataque en toda regla a la Corona. Los desprecios a los símbolos de España, la quema de banderas, el fomento del descrédito de las instituciones con el único fin de perpetuarse en el poder, el apoyo a terroristas callejeros con su calculada inacción para controlarlos, sí que forma parte del juego de la “democracia” en España.

Federico no ha dicho en ningún momento que salgan por Cartagena, algo que si hubiera hecho tampoco sería para quemarlo en la hoguera, pues creo que está en su derecho. El locutor de radio se ha limitado a expresar que, por el bien de la monarquía y de la estabilidad de España, el monarca Juan Carlos I pase a un segundo plano y vigile desde el yate, con la respetabilidad, el poder y la influencia que se ha ido ganando con el paso de los años, la diligencia de su hijo para reinar España. Si espera a su deceso conseguirá que no estando él se coman al chiquillo.

La progresía, la que más está haciendo por cargarse la monarquía desde fuera -sin contar con el apoyo que la misma les aporta cada día desde dentro-, están machacando a Federico Jiménez Losantos por ser libre y opinar. Estalinismo en estado puro, vamos. En esta ocasión se ha tenido que retractar ante las numerosas presiones recibidas. Un error que a la larga animará a los demagogos a seguir insistiendo en acallar su voz.

Actualización
Acabo de leer el artículo de Jesús Cacho en El Confidencial. Es lo que yo más o menos quería exponer, pero bien dicho.