La desmemoria

A mediados de julio se celebraron elecciones en Galicia y en el País Vasco. En esta última Comunidad Autónoma los herederos de una banda terrorista que ni condenan ni se arrepienten de su pasado criminal, no solo consiguieron mantener su representación en el parlamento autonómico vasco, sino que la incrementaron de manera significativa. Casi al mismo tiempo, en otras partes del mundo, sobre todo en Estados Unidos, miles de manifestantes derribaban algunas de las esculturas de sus antepasados a los que acusaban de racistas, xenófobos, imperialistas, colonialistas e infinidad de falsedades históricas de toda índole.

Efectivamente no estamos padeciendo solo una fatal pandemia sanitaria en forma de COVID-19, sino también una deriva totalitaria hacia el pensamiento único con la desmemoria y el olvido como principal herramienta. Si tan siquiera en menos de una generación se ha olvidado la figura de Miguel Angel Blanco y lo que su vil asesinato por los terroristas de ETA supuso a toda la sociedad española, no me imagino lo que supone explicarle a las nuevas generaciones en América y en el resto del mundo quiénes fueron y qué hicieron figuras como Cristóbal Colón, Fray Junípero Serra o Alvar Nuñez Cabeza de Vaca.

Como escribió no hace mucho Santiago Navajas, “no podemos asumir que vayamos a vivir peor que pobres, acobardados, envilecidos y sumisos por el conformismo, la cobardía y la falta de pasión por las libertades”. No podemos doblegarnos y aceptar que tenemos que sobrevivir en una sociedad en la que tienes que demostrar todo el tiempo que eres un adalid de lo políticamente correcto, asumiendo constantemente los postulados y la reedición de los hechos históricos por una parte corrupta e interesada de la historiografía y de personajes siniestros. Si bien es verdad que a lo largo de nuestra Historia se han cometido infinidad de tropelías y de injusticias, de infamias y afrentas, que en ocasiones hacen perder la fe en el ser humano; no es menos cierto que la civilización misma a través del progreso ha rescatado a millones de la pobreza, la enfermedad, la violencia y el hambre. Nuestra memoria ni puede ser borrada ni debe ser cambiada. La memoria debe  ser continuamente reivindicada y respetada para que las nuevas generaciones puedan aprender de los errores pasados para no volver a cometerlos en el futuro.

Y es que, en definitiva, además de protegernos de la crisis sanitaria actual, debemos protegernos de la ignorancia y de la incultura que se ha instalado en gran parte de nuestra sociedad; porque si no ponemos remedio pronto a la tergiversación de la Historia, si dejamos que los que quieren reescribirla en su propio beneficio ganen, la humanidad está irremediablemente condenada a repetir los fracasos y la barbarie que en innumerables periodos de la misma ha perpetrado. Como dijo Ronald Reagan: “la Historia nos enseña que la guerra empieza cuando los gobiernos creen que el precio de la agresión es barato”. No dejemos que así sea.

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